MIS BLANCOS INFALIBLES

Son diez vinos capaces de rivalizar en cualquier contienda, magníficos representantes de cómo se las gastan nuestros blancos, productos incontestables cuya aceptación no es fruto de la casualidad. Son, al menos para este escribiente, los infalibles que definen la nueva hornada de blancos aragoneses.

Nunca se habían hecho blancos tan espectaculares como los que se elaboran actualmente. Vale que este apunte no descubre nada nuevo ya que la evolución en las formas de elaborar, la incorporación de nuevas variedades y el manejo del viñedo han ido afinándose año tras año. Sin embargo, de golpe y porrazo, encontramos mayor diversidad en cuanto a cepas y tipologías respecta, y los resultados son simplemente apabullantes.

Para este servidor, Aragón se puede sintetizar a través de esta decena de vinos. Y ojo, es probable que muchos de ustedes discutan alguna referencia y no compartan el listado. Al fin y al cabo hablamos de gustos personales sobre los que, ya se sabe, no hay nada escrito. 

Por ser pionero y profeta al mismo tiempo, uno de mis preferidos es el Viñas del Vero Riesling. El Consejo Regulador de la Denominación de Origen Somontano autorizó esta cepa en el año 2009 y la bodega se puso manos a la obra para lanzar, antes que nadie, un monovarietal que está que se sale. Me gusta por cómo se comporta el vino, lógicamente, aunque lo de “quien pega primero, pega dos veces” también influyó.

Otro de mis talismanes también sale de Viñas del Vero y es el Clarión, uno de los causantes que hizo que el Somontano se asocie tanto y tan bien con vinos blancos. Pero no fue el único porque la retahíla se extiende a otras bodegas de la zona. Aquí es donde entra en juego otro noble llamado Enate Uno. Había que tenerlos bien puestos primero para saber hacerlo y luego para comercializarlo. Y es que hasta su nacimiento en España nadie contemplaba un blanco que tuviese semejante coste (285€). Naturalmente el vino está impecable, cómo no, pero el gesto y el atrevimiento fue sin duda uno de los motivos de admiración. Está demostrado que también en Aragón, como en otras tantas partes del mundo, se sabe apuntar alto.

La reinvención en el Somontano también le llegó a Bodega Pirineos cuando decidió incluir un blanco en el top de su catálogo. Marboré 2099 fue el que dio el banderazo de salida y, en cierto modo, contribuyó a prestigiar la imagen de la firma. Se apostó por un vino serio y se consiguió.Siguiendo con el repaso de blancos fetén, y todavía sin salir de Huesca, Alejandro Ascaso también decidió hacer algo que en Aragón casi nunca se había hecho. Y era construir un vino a partir de la variedad Viognier. El Edra Blanco Luz se sumó a la lista que mucho antes había inaugurado la gente Venta d´Aubert en Teruel. En ambos casos creo que es de justicia quitarse el sombrero y aplaudir la pujanza por hacer algo insólito que, además, procede de viñedos menos conocidos.

Pero hete aquí que muy cerca de Ayerbe, donde está la bodega de Alejandro, también se fabrica un vino con nombre de mallo que está de muerte. El Firé Macabeo es otro de los blancos que pueden llegar a enamorar. Y aquí les aseguro que soy lo más objetivo posible. Aún quitando la vinculación que tengo con él –porque lo hace mi hermano- no hay que restarle ningún mérito al vino: Macabeo y criado 15 meses en depósitos con sus lías. Habla por sí solo.

De Huesca pasamos a la provincia de Zaragoza donde, a mí –e insisto, al que suscribe estas líneas- me llaman la atención cuatro blancos. Unos pueden ser tan diferentes como el Menguante Garnacha Blanca de Bodegas y Viñedos Pablo (D.O. Cariñena). Solo por el mero hecho de aportar su granito de arena para que esta casta se recupere y cobre mayor propulsión me gusta. Pero es que cuando descorchas la botella todo son sorpresas. Y de las gratas gratísimas.Es algo que también le sucede al Albada Macabeo, porque anda que no está rico este pequeño gran modesto firmado en la D.O. Calatayud. Lleva sumando muchas añadas y es un vino que siempre mantiene el tipo. Para mí es el monovarietal de Macabeo más recomendable de Aragón pero, de nuevo, entiendo que no todo el mundo esté de acuerdo.

Seguramente también habrá alguien que piense, “¿y cómo no va a meter en sus blancos predilectos al Care Chardonnay si lo elabora su padre?”. Pues sí, aquí está, por méritos propios y no por vía paterna. Podrán echar en falta alguna referencia que debiera aparecer en este listado pero seguro que dentro de sus diez blancos aragoneses también estará éste. Pongo la mano en el fuego. Además, si está gustando tanto no será por casualidad. Y si tuviese que mostrar el plumero también debería haber incluido otros que también elabora mi familia y, sin embargo no están.

Por último, porque se me ha metido entre ceja y ceja hablar de diez y no más, también tiene un hueco el Anayón Chardonnay Barrica. Lo he probado en numerosas ocasiones y siempre me agrada. Será por el volumen/madurez que despliega o porque fue uno de los primeros fermentados en barrica que me llamaron la atención. Ni lo sé, ni les importa.

Compartamos o no gustos entiendo que ninguno de los vinos aquí presentes ponen en duda el crédito que Aragón tiene en blancos. Antes no se nos asociaba con esta tipología pero ahora nadie rechista.

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