Depredadores

Suelen esperar a sus presas tras una barra, como si fueran depredadores que aguardan agazapados junto a un arbusto para dar el salto en el momento oportuno. No se les reconoce por su aspecto porque esta especie es de lo más variopinta y son capaces de adoptar formas camaleónicas. Sus hábitos son imprevisibles porque nunca sabes cuándo están al acecho.

Son camarerillos chungos, mediocres, de esos que no benefician en absoluto a una profesión tan noble y vital para el vino como es la hostelería. Hay especimenes dominantes -deben ser los mandamás de la manada- porque un gesto suyo basta como para querer salir pitando cual gacela o, en el peor de los casos, convertirte en furtivo, escopeta en mano.

Recientemente me he topado con dos. El primero de ellos quiso echarme la zarpa pero pude escabullirme. Y todo por preguntarle qué blancos servía por copas. Me respondió, en un idioma parecido al nuestro, que “Verdejo y Chardonnay”. Cuando le dije que de dónde era el Chardonnay me replicó, con muy mal genio: “de dónde va a ser, ¡¡del Somontano!!”. Vale tío, y las anchoas ¿de dónde son?, ¿del mar?. Vete a la mierda. Me hice el muerto como una zarigüeya y me fui antes de que contraatacara.

El segundo ejemplar, una hembra, fue más allá. Tras pedir varios platillos en un garito de mesa y mantel le solicité una conocidísima Garnacha aragonesa. Y con un desprecio apabullante me dijo que había escogido fatal, que ese vino “no estaba a la altura de la degustación”. Tuve que contenerme para no convertirme en el increíble Hulk, porque ya había empezado a mutar a verde. La madre que la trajo al mundo, ¿cómo que ese vino no está a la altura?… ¿está tu cocina a la altura de la referencia que te he pedido, cha-ta?. De nuevo, aunque en esta ocasión no pude disimular el cabreo, hicimos un pacto entre especies: ella balbuceó no sé el qué y servidor, el ser humano, le dijo que no volvería a pedir ese vino en ese restaurante. Vamos, ni ese vino, ni nada que estuviese encerrado en aquella jaula.

Cuidado con los depredadores que nos están esperando.

P.D.- un arma de contraataque para vacilar a esta especie es llamar a grito pelao y pedir “una de queso”. Se suben por las paredes..

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Preparando los 42

Esta es la cuarta semana de entrenamiento para preparar la maratón de Donosti. Noviembre todavía queda lejos pero viendo las sensaciones y resultados de estos últimos días, me reafirmo en que no va a ser nada fácil.

Con estas iré a Donosti… ¿quién me las regaló?

Mi hermano es quien me planifica el plan semanal y… joder!!!, cumplirlo a rajatabla me está costando un huevo. Normal, requiere de una disciplina y unos hábitos que no tengo. Que si saca cinco días de donde sea, que al principio es lógico que te plantees tirar la toalla, que no te obsesiones con los ritmos, que esta inversión dará sus frutos el día de la carrera, que las semanas pasan volando y no todas serán de tanta intensidad… tela, telita, tela.

Sin embargo, como soy un mandao, le hago caso y no desisto, aunque en alguna ocasión he pensado en abandonar y salir corriendo… ¡¡¡pero en dirección opuesta y a ritmo cochinero!!!. 

Al acabar cada entrenamiento hablamos y le cuento cuáles han sido las sensaciones del día. Y claro, él ha pasado por esto antes y sabe de esos momentos de bajón, dudas y casi arrepentimientos que surgen durante la preparación. Es como si me leyera el pensamiento y supiese que reacciones iba a tener al terminar.

La cita previa a los 42kms

Naturalmente el plan está orientado a los 42kms de Donosti. ¿Pero qué pasa con el Trail Guara Somontano?. Se celebra un mes y medio antes que el maratón y, por ahora, no he subido ni una sola cuesta. Además ya no salgo al monte con la frecuencia con la que lo hacía antes. La plena confianza en el brodel hace que la duda sea ligera, que conste. Él sabe cómo tiene que llevarme para salir bien parado en una, la de Guara, y después en la otra, en la donostiarra.

Conforme se acerca la prueba trailera me siento más seguro porque el objetivo será terminar, sin más. Y el planteamiento idéntico al del Trail del Sobrarbe: pillar ritmo cuando se pueda, caminar mucho, a la marchica y a disfrutar. ¿Que paro a charrar con los voluntarios en un avituallamiento?, tranquilo. ¿Que saco la cámara de fotos y tiroteo todo lo que se menea?, pues bien. Aquellos momentos, y otros muchos, fueron los que hicieron grande nuestro bautismo por el monte así que habrá que repetirlos.Me imagino que la acumulación de kilómetros cuando llegue el 5 de octubre -el día de Guara- se notará. O al menos eso espero. Como este sacrificio no me sirva de nada cuelgo las zapatillas y regreso a la vida inactiva que llevaba hace algo menos de tres años.

¡¡¡Que noooooo!!!. Que aquí no rebla nadie -como si dice en Aragón- y no caeré en el desánimo. Me estoy imaginando la entrada en meta del maratón, en el estadio de Anoeta, con mi hermano al lado, tras haber corrido durante cuatro horas… esta imagen es la que hace que la cuarta semana de las doce del plan me la meriende sin rechistar. Y así con la quinta, la sexta y con todas las que vengan por delante.

Ya os contaré.