There we go!!!

Coincide este post con el primer aniversario de http://www.winesandrunning.com –gracias infinitas a todos por darle continuidad a esta aventurilla- y con la recta final del Maratón Donosita 2013. Falta un mes… ¿solo un mes?, ¿ya?… ¿cómo es posible?. Recuerdo el miedo que me daba pronunciar siquiera la palabra “maratón” hace tiempo y hoy, por suerte, aunque siga acojonado, ese espanto parece estar bastante mitigado.

Hace tres años, cuando me calcé las zapatillas por primera vez, tuve un propósito a largo plazo: correr los 42kms. Y hete aquí, que dentro de 30 días, estaremos en ello mi queridísimo brodel y yo.

Jorge, como siempre, está muy pendiente de todo: planificando semana a semana los deberes, animando como sabe en los momentos dubitativos, apoyando el cumplimiento de ese sueño. Es un fenómeno y supongo que será consciente de lo que haría si tuviese que ir solo a Donosti. No me lo pensaba dos veces: me quedaba en casa fijo.

El Trail de Guara me ha dejado jodidillo y noto ciertas molestias –y eso que han transcurrido tres semanas de aquel puto y bendito despiste-. Si no van a más seguiré corriendo para que el 24 de noviembre nada ni nadie se interponga en este empeño. Ni dolores en las piernas, ni el capullo ese del mazo. Mi hermano y servidor de ustedes, punto, a la marchica.

El año pasado, Brodel y mi primito Luis se sacudieron la carrera en 2h48min. Y claro, para Jorge hacerla en 4h es como salir de paseo. El objetivo es disfrutar primero, terminar después y no prestarle demasiada atención al reloj.

Si os digo la verdad, no tengo ni puta idea de lo que sucederá ese día. Supongo que pasará volando si comparamos las 4h con las invertidas durante la preparación. Será una fracción de tiempo como para retener siempre en la memoria. Como dirían los siempre grandes Barones “sufrirás, morirás, esa es tu voluntad” pero se hará con muchísimo gusto.

Un mes por delante y muchas emociones que, seguramente, se concentrarán con nosotros en la línea de salida.

Os contaré, claro que sí.

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UTGS: ¿puto despiste?

Mi experiencia en la Ultra Trail Guara Somontano empezó la noche anterior en Barbastro, en el restaurante El Trasiego de mi amiga Natalia. Llevaba intentando ir no sé cuántas veces y hasta ese día no había podido. La espera, que no hizo mas que incentivar la expectativa, mereció mucho la pena porque cenamos de lujo. Que si unas amanitas salteadas, huevos rotos con foie, unas croquetas de patata trufada, solomillos, chuletas, chocolates de mil texturas y formas… todo escoltado por tres somontaneses que estaban de muerte (Viñas del Vero Riesling 2012, Lágrimas de Obergo 2012 y 12 Lunas 2009). Tras la cena entre amigos –de los buenos-, unos cigarrillos bien amarrados por un gin-tonic en la terraza de La Viuda y corriendo a dormir. No es la mejor forma de preparar la previa de un trail pero tampoco vamos a renunciar a ello, ¿no?.

A las 06:45 de la mañana del sábado recibo un mensaje de mi hermano y ya no puedo conciliar el sueño. Di que el despertador estaba a punto para las 07:15 y tampoco ganaba demasiado haciéndome el remolón en la cama. Es más, el mensaje –además de los ánimos que contenía- me vino bien para salir pitando hacia Alquézar.

Termino de preparar todo y, con el absurdo nerviosismo previo a una carrera, pongo rumbo a la salida. Llegué a tiempo para ver la salida de los ciborgs que se enfrentaban a la prueba reina con 96 kilómetros y un desnivel que acojonaba solo con repasar el perfil con el dedo. Quince minutos más tarde salieron los animalicos del Long Trail (versión 50kms) y pasadas las 09:00 nos tocó a nosotros, a los cerca de 190 corredores que habíamos escogido el trazado más asequible (37kms y 1.959 mts de desnivel).

Caras conocidas, amigos, fotos y cohete al cielo. Empezaba el baile con un descenso precioso hacia el Puente de Villacantal. La noche anterior había llovido bastante, el ambiente era húmedo y muchas partes del sendero se habían convertido en pistas resbaladizas. Pero mis nuevas zapas -obsequio de brodel- iban como un tiro, ni un traspiés, ni un resbalón.Cuando llevaba una hora justa de carrera pasamos por Asque. Paso literal, porque hice el control y continué sin detenerme en el avituallamiento. A partir de ese lugar, bajada cojonuda hasta el Puente de Fuendebaños y, ta-ta-chan, pasarelas a la vista. La subida, además de espectacular, fue más llevadera de lo que creía. Así, en 01:43 minutos me planté en Alquézar. Viendo luego los tiempos, iba en la posición nº43. Muy animado, con buen ritmo y decidido a por el tramo que nos dejaría en el Collado de la Viña. Hasta aquí todo bien, demasiado bien.

Le había dicho a mi hermano Jorge, días antes, que me conformaba con hacer el trail entre 06h y 30min y 08h. Sabía que podía rascar las 05h y llevaba un subidón tremendo. Me estaba imaginando la llamada al brodel diciéndole que había hecho el total en menos tiempo del previsto. Eso me animaba y sabiendo cuánto se alegraría quería seguir fuerte –dentro de mi modestísima capacidad, of course-.

En el control de paso del collado casi ni me detuve. Fiché, no repuse bebida, trocicos de plátano a la boca y corriendo para no perder tiempo… pero en dirección opuesta a la que llevaba el Trail. Ese tamo, al igual que todos, estaba bien marcado/indicado pero la prisa, el despiste y las ganas de hacerlo bien me llevaron al recorrido que no era. No tenía ni idea de lo que estaba a punto de suceder.

 Cinco kilómetros más tarde veo a Michel Borrás, el hermano de mi amigo Kike que iba a por los 96kms, y cuando me ve la cara le cambia de color. “¿Qué haces aquí?”, me dice, “¿sabes que estás en el recorrido de la Ultra Trail?”.

Hostias qué desesperación, qué bofetón anímico, qué horror. Por un momento dude si continuaba hasta el próximo avituallamiento de la Ultra, que estaba a 300 metros, y abandonaba allí o, por el contrario, deshacía camino hasta el punto de control por el que había pasado.

Lloros, rabia, sin líquido, solo, con una mala virgen terrible, totalmente desmoralizado… total que decido volver y abandonar en el Collado de la Viña. A todo esto, cuando la cobertura daba tregua, informaba por wasap a la familia. Sus respuestas animaban un huevo aunque, por dentro, estaba destrozado. ¡¡¡Puto despiste!!!. Todo se había ido al traste y solo quería llegar para darme por vencido. Tuve sensaciones que jamás había tenido. Indescriptible cómo me sentía en esos instantes.

De nuevo en el Collado le pregunto a un voluntario en qué posición había entrado antes (el despiste me costó 10kms más y 01h40min de desgaste) y me dijo que el nº44. Tras un sonoro “me cagüen la puta”, y casi de manera inconsciente, puse rumbo a Radiquero. Lo hice a duras penas porque nunca había corrido más de 24 kilómetros y llevaba acumulados 38 en total con su correspondiente desnivel. Me resistía a ceder en el empeño y volver a casa tocado y hundido.

Ese tramo fue desesperante: desvariando, sin apenas correr, de hecho me venía justo para andar erguido y en línea recta, fundido por el sobreesfuerzo, desmotivado, triste… un puto calvario.

En las primeras calles de Radiquero saqué el chip con la intención de dárselo a la organización y retirarme. Estaba a menos 4,4kms de la meta pero no podía dar ni un paso más. Así que totalmente derrotado y con un pésimo sabor de boca estaba a punto de renunciar… hasta que aparecieron mi hermano y mi primo Luis.

Habían leído los mensajes, se pusieron de acuerdo, cogieron los coches y se plantaron en Guara. Sabían que iba a tirar la toalla. En ese momento, roto por la emoción, desaparecieron las molestias estomacales, los dolores de las rodillas, la fatiga… fue la cabeza la que se repuso del golpe y la que me llevó hasta Alquézar.

Si os digo la verdad, soy incapaz de transcribir aquellas sensaciones, entre abrazos, lloros, agradecimiento y orgullo. Fue, sin duda, lo mejor de esta experiencia y el motivo de no haber reblado y continuar hasta el final.

Los últimos kilómetros dolían menos. Ya no había flaquezas ni desaliento -aunque el cuerpo estaba en las últimas-.  Siete horas desde que escuchamos el cohete en Alquézar, y 46 kilómetros después, llegaba a la meta con sentimientos enfrentados. Guardaba cierta rabia por aquella equivocación pero estaba rebosante por no haber renunciado.

Saqué muchas conclusiones del Ultra Trail Guara Somontano. La principal es que soy un afortunado por estar rodeado de una familia que se desvive en los pequeños y grandes detalles. Por ellos, por mí y porque la propia carrera es acojonante, volvería a hacerlo mil veces más.

Al año que viene regreso más centradico –con gps aunque sea- y no gasto más sendero del que exija la organización. ¡¡¡ Puto y, a la vez, bendito despiste!!!.

Los otros

De sobra es sabido que los distintos públicos a los que una bodega echa el anzuelo están perfectamente definidos. Cualquier operación comercial y/o marketiniana -prevista de buen cebo, claro está- tiene como objeto captar la atención de piezas como responsables de tiendas especializadas, grandes superficies, sumilleres, hosteleros, importadores, distribuidores, medios de comunicación y otros peces gordos.

Sin embargo, hay un grupo -probablemente el de captura más compleja- que es el anónimo, el consumidor final. Y dentro de este montón hay un espécimen que escasea en mares, océanos y ríos: el anónimo aficionado.

Es una especie difícil de localizar porque se presenta sólo en contadas ocasiones. Hay que desternillarse para tropezar con alguno pero cuando coincides con un ejemplar de esta especie en extinción te das cuenta de lo que representa el vino para él. Y lo más gordo viene cuando ves que lo hace sólo por afición.

Un servidor conoce a varios que, en oficio, son médicos, trabajan en laboratorios farmacéuticos o se desenvuelven en campos que nada tienen que ver con el sector vinatero. No se dedican profesionalmente a este mundillo y suelen quedar a probar novedades con muchísima frecuencia, tienen nociones de cata que otros profesionales quisieran, leen, viajan, están a la última, dominan geografías y variedades, compran botellas, tienen cavas climatizadas en casa y hasta adquieren guías -son de los pocos que conozco que lo hacen-.

Es una gozada coincidir con personajes de este tipo –yo tengo la suerte de quedar con varios- porque dimensionas la importancia que le dan al vino. Catar con ellos es otro rollo. Solamente les mueve la pasión y no se desgañitan en diseccionar una copa hasta la médula para ver quién sabe más. Tienen una sensibilidad, unas aptitudes y un nivel de conocimiento que roza los límites de la profesionalidad. Saben de lo que hablan y además lo hacen sin la tontería que todavía sigue coleando entre algún que otro entendidillo.

Si hubiese más ejemplares de este tipo otro gallo cantaría. Por desgracia son los otros, los peces que más escasean en un mar en el que, por cierto, parece que nunca llega la calma.

Sensaciones previas al Trail Guara Somontano

cartel_Ultra_Trail_2013[1]A falta de tres días para que nos marchemos a Alquézar llega el momento de compartir con ustedes vusotros las sensaciones previas al Trail Guara Somontano.

Resulta que me inscribí hace cuatro meses y, de nuevo, el tiempo que vuelve a transcurrir demasiado deprisa. Cada vez falta menos y como viene siendo habitual esos absurdos nervios previos están ganando puntos.

Pensándolo fríamente es lógico que las dudas comiencen a aflorar porque en mi vida en corrido esta distancia (38kms tiene la versión más light, que luego están las de 50 y 96kms), ni he tenido que salvar tanto desnivel (1.959mts). Cuando he hecho grandes como el Aneto, Monte Perdido, los Infiernos y otros de semejante pelaje no tienes, ni de coña, este perfil. Y claro, como que acojona un poquillo. Además, en los dos últimos meses estoy metido de lleno en la preparación del maratón donostiarra. Y eso se traduce en que solo un día he corrido por el monte y muy pocas veces, tantas como dos, he subido cuestas. No sé a estas alturas si voy bien preparado o no… me la suding.

No hay ni gota de miedo porque mi hermano, a pesar de estar metido de lleno en la vendimia, podrá venir a correr. Al igual que sucediera en el Trail del Sobrarbe pasaremos un día cojonudísimo. Lógicamente no haremos ningún carrerón, porque no estamos preparados para eso, pero sí disfrutaremos de cada zancada… y serán tropecientasmil.

Saldremos prontico de Zaragoza porque mi pobre brodel lleva un trajín laboral de aúpa y no podemos dormir en Alquézar la noche anterior. Así que el sábado a madrugar, carretera y manta. Una vez allí vendrá la recogida del dorsal, los saludos a la buena gente que organiza la prueba y a empezar el baile, durante unas cuantas horas.

Hay nervios, no puedo negarlo, pero mucha ilusión. Hay miedos pero también sobrada motivación. Hay que pensar en la paliza, pero por supuesto en la alegría de poder terminar juntos. Hay Trail Guara Somontano y eso es lo que cuenta.