La media inesperada

A las 07:30 sonó el teléfono. Era el brodel. Se había comprometido con mi primo Miguel para hacerle de liebre en la Media Maratón de Zaragoza (propósito 0145min) pero el día anterior tuvo problemillas en el cuello. Esperó hasta el último minuto y las molestias no cesaban. Por lo tanto, con tan sólo 90 minutos de margen, mi hermano me dijo “coge mi dorsal y acompáñale tú”.

Así empezó la aventurilla el pasado domingo. No tenía previsto participar en esta prueba (para mí, junto con la 10k de Zaragoza, una de las dos mejores de cuantas se organizan en Aragón) pero la familia es lo primero. ¿Que debes marcarle un ritmo constante al primo?, pues no se duda, se hace y además encantado de la vida.

A las 08:20, después de muchas prisas, estaba en la zona de salida y ahí fue cuando me di cuenta del cometido que debía cumplir. Tenía que ir a 5´ el kilómetro, algo que no había hecho desde la maratón de Donosti (allí nos mantuvimos Jorge y yo en 5´09´´). Estar preparando pruebas de monte –viva el trail- hace que las salidas sean más largas pero a ritmos bajos. No tenía costumbre de ir tan a saco y de ello empecé a mentalizarme mientras los 3.000 inscritos colapsábamos el Paseo Echegaray y Caballero.

Comienza la carrera, salimos bien colocados, hablamos y saludamos a los amigos que nos cruzábamos (que fueron muchos y por miedo a dejarme a alguno, a ninguno cito). Las sensaciones eran muy buenas.

El paso del km 5 genial, en tiempo, lo mismo que el del 10 (50´justos). Todo bien hasta que en el km14 el cuerpo empezó a avisar. En el 16 iba jodido -pero jodido del todo-, haciendo varias intentonas mentales de abandono. Si hubiese corrido solo no hubiese acabado ni loco. Para mí era ir demasiado deprisa y, encima, íbamos bastante alejados del globo oficial de la carrera (que clavó el crono, todo sea dicho).

Mi primo Peter estaba animando en cada esquina. Girabas una calle y ahí estaba; enfilabas una recta y aparecía con la bici. Sus ánimos fueron determinantes para tirar hasta el final. Un final que, además estuvo sonorizado por un rotundo y emocionante “Navascués campeón” antes de entrar en meta. Entre ánimos y cabezonería se pudo hacer. Ritmo medio de 5´01´´ así que muy contentos todos. Eso sí, creo que no había sufrido tanto en mi vida.

En la edición de 2013 hice 01h39min y me cansé mucho menos. ¡¡¡Pero si no pude ni despedirme de la family de lo hecho polvo que iba!!!. Casi me muero. Encima el capullo de mi primo iba hablando, sin sufrir… qué raza tiene el cabrón. Su hermano gemelo, Enrique, hizo 01h34min y tampoco se despeinó. ¡¡¡Viva la genética, copón!!!.

Las conclusiones que extraigo de estos 21kms son varias: por un lado, no se puede ir a lo loco –véase sin preparación- en una prueba tan larga. Abandonar nunca es la mejor opción porque la sensación de haber terminado es muy positiva. Ayudar a alguien, en este caso al primo Miguel, es lo primordial. Recibir ánimos de fuera puede llegar a ser determinante. Y seguir haciendo algo con lo que disfruto, también.

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