Experiencias y momentos de la 10K Zaragoza

No va a ser esta la crónica habitual de una prueba porque eso solemos hacerlo con frecuencia los que blogueamos sobre running popular. Además, de vez en cuando hay que darle un giro al temario y, por esta razón, prefiero compartir mi experiencia en la 10k de Zaragoza a través de las emociones que coincidieron en la mañana del pasado 8 de junio.

La novena edición tuvo varios añadidos: se había batido el récord de participación (4.000 almas), el 44% eran chicas –muchas procedentes del 10k Reto Women Running-, coincidí con muchísimos amigos y, sobre todo, volvía a guiar a los que querían hacer 55´. El grupete al que acompañé fue más numeroso que otros años y las caras de alegría denotaban muchísimo júbilo al pasar bajo el arco de meta.

Nada más llegar, tras ver el 55´10´´ en el peluco, me quedé a esperar, animar y felicitar a los llegados. La satisfacción personal es la hostia. Comprobar cómo personas que nunca han corrido terminan eufóricas es muy gratificante, mucho más que superar cualquier marca personal y rascarle unos segundos insignificantes al crono. Ir de globo es otro rollo porque corres para los demás. Sin duda, fue un honor formar parte de esta carrera. Desde aquí mi agradecimiento a la organización por hacerme un hueco.

10428467_10204079790424205_6643048705124782107_nBesos, abrazos, choques de manos y palmadas en la espalda son las maneras con las que nos demostramos afecto. Pero en una meta parece que cobran mayor dimensión. Recibí un hostión en el omoplato que lo confirma… sin acritud.

Hubo muchos que no pudieron conseguirlo o que estuvieron a punto de llevarse un buen susto porque el calor fue sofocante. Los servicios médicos iban más rápido que muchos corredores… no daban abasto entre lipotimias y golpes de calor. Por fortuna no se registró ninguna incidencia grave.

Quizá algunos, los menos versados, desafían demasiado a sus propias posibilidades. No hay que llegar a esos extremos porque ésto, para los que somos popurruners, es simplemente un divertimento, una sana adicción que jamás debe írsenos de las manos.

Incluso para los que acabaron hiper jodidos la 10k zaragozana fue una auténtica pasada. Muchas chicas del reto conocieron en primera persona lo que significa culminar un propósito. Y el resto, los que reincidían en carreras populares, volvieron a experimentar lo que supone participar en una prueba de tamaño calibre.

Estuvo muy bien. Por el antes –la feria del corredor era un festival-, el durante y lógicamente el después. Caras de felicidad, litros y litros de líquido bien para hidratarse o para brindar, gestos emotivos y alegría desbordada, grupos que comentaban la jugada, gente que nos resistíamos a marcharnos de los aledaños del Príncipe Felipe, entusiasmo generalizado… la de momentos que se agolparon en la 10k.

Solamente por vivir experiencias de este tipo merece la pena calzarse las zapatillas. No hay que volverse loco porque es tan sólo una afición. Aunque este último sólo debía haberlo escrito entre muchas comillas.

 

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