Vamos de Garnacha

¿Será posible que muchos todavía sigan asociando a la Garnacha como una uva de moda?… cagüendioro… ¿acaso no ha dejado claro, hace tiempo además, que no es una mera tendencia?. La más ilustre de nuestros viñedos tiene motivos más que suficientes como para hacer lo que está haciendo. Y no es otra cosa que destacar y abanderar unos vinos patrios que en todo momento dejan claro quiénes son y de dónde vienen.

Muchos de vosotros -incluido yo- conocéis el resultado, el producto acabado. Sin embargo mimarla, elaborarla y resaltar toda su dignidad es menester de quienes curran en el campo y en la bodega. Nosotros, los consumidores, damos cuenta de esas labores en cada descorche –alguno más afortunado que otro- pero os aseguro que no es ni mucho menos un simple proceso de cultivo y vinificación.

Si preguntásemos cuáles son las virtudes que posee esta variedad, muchos de nuestros viticultores coincidirían en un término: la adaptación. Es una uva que soporta bien la sequía, el calor y el viento, y que además siempre ha estado aquí, en Aragón. De hecho, cuando nadie la quería la asociaban con esta tierra y ahora muchas otras regiones se atribuyen su patria potestad. Dicen los expertos, que en suelos de baja y media fertilidad, con plantaciones de cierta edad y escaso rendimiento, la Garnacha se muestra con gran personalidad.

Sin embargo, a la hora de hablar con los enólogos, nos dirían que el principal inconveniente que muestra a la hora de elaborarla son sus exigencias. Para su correcto desarrollo pide que la climatología sea generosa todos los años y que debe salirle todo bien para mostrar bien su esplendor. Tanto en la viña como en la bodega hay que conocerla. Eso, por fortuna, es algo que ha cambiado sistemáticamente con el paso del tiempo. Antes había menos medios y menos conocimiento. Y si no recordad la imagen que transmitía esta cepa: tenía fama de vinos pesados, excesivo alcohol, oxidativos y otros piropos poco favorecedores. Paradójicamente, esos vinos aragoneses de Garnacha, con las supuestas características negativas que alguien les atribuía, eran solicitados y se vendían con facilidad a precios razonables. Estos vinos de alto grado de alcohol, glicéricos y, a veces, con restos de azúcar, los hacían deseados para mejorar otras mezclas. Sin embargo, el cambio en los hábitos de consumo y estilos de vino ha sido importante. Ahora la Garnacha triunfa. Y que Aragón se asocie irremediablemente a esta casta es algo que prestigia, acredita y ubica a nuestros vinos. Tenemos grandísimos vinos y por eso hoy recibe los piropos que antes fueron silbidos. Eso es cojonudo, señor@s.

En una conversación reciente, en un grupillo formado por gentes de la cuerda, le pregunté a un enólogo por qué estaba triunfando actualmente. Me dijo que las prácticas de cultivo en los viñedos van dirigidas a obtener diferentes uvas, que permitan elaborar distintos tipos de vino de calidad. Que las bodegas que están dotadas de las instalaciones pertinentes permiten adaptar los procesos necesarios de elaboración, pensando siempre en lo mejor para la uva y el futuro vino. Mencionó, cómo no, la alta cualificación técnica de los equipos humanos en bodegas y viñedos. Como técnico también habló del posicionamiento en los mercados de vinos de Garnacha de corte actual. Son vinos mejor hechos: frutales, frescos, vivos, de colores atractivos y con buenas condiciones para la crianza. Vinos con cuerpo y personalidad sin perder elegancia.

Un periodista especializado que estaba en el grupo destacó también el descubrimiento y la difusión de las características propias de la Garnacha por parte de líderes de opinión reconocidos mundialmente. Eso ha contribuido favorablemente al conocimiento y a la demanda de estos tintos. Si no basta con revisar las páginas –y los minutos- que sigue generando Aragón en lo que a monovarietales garnacheros se refiere.

Está claro que para quienes la trabajan no es una variedad fácil. Sin embargo, para todos aquellos que solemos rendirle pleitesía en cada sorbo la interpretación es distinta. No entramos en densidades de plantación, ni en roducciones o métodos de elaboración. Simplemente la tomamos, disfrutamos y, lo mejor de todo, es que la compartimos con otros semejantes que comparten opinión: la Garnacha es de aquí; aquí es donde mejor se la conoce; se conoce Aragón en buena parte gracias a ella; y ella es la que nos devuelve el favor con vinos absolutamente fascinantes.

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