Jorgeada, Media Maratón y 10k Zaragoza

Últimamente he andado despistadillo y el blog ha tenido menos actividad que de costumbre. Sorry prendas. Además, las entradas “recientes” han estado referidas al wine y ya iba siendo hora de darle paso al running con un breve resumen de las tres últimas pruebas en las que he participado: una con resultado nefasto y dos con sabor de boca inmejorable.

La noche del 22 de abril tomé salida en la Plaza del Pilar para afrontar los 75kms que separan Zaragotam de Hueskalerría. Volvía ilusionado a la Jorgeada aunque menos preparado que la edición anterior. Y lo pagué. Vaya si lo pagué.

En el km 30 terminó para mí la prueba porque me retiré. Jodido, con malas sensaciones, descentrado, con la cabeza que sólo transmitía mensajes de esos que te impiden ir cómodo. Fatal. Troté a duras penas con el inmensamente generoso Daniel –a quien conocí en esa misma carrera el año anterior- hasta que el pabellón de Zuera supuso la retirada. Sin embargo no me jodió como deben doler los abandonos. Sabía que tenía como mínimo 6 horas más de agonía y pasaba de sufrir. Sigo pensando que hice bien. Continuar habría sido un suicidio.

Las dos carreras siguientes estuvieron teñidas de naranja, el color del 10kClubZaragoza en el que tengo la suerte de formar parte.

Durante 14 semanas estuvimos preparando a cuarenta chicas para que hicieran su primera media maratón. Escogimos, cómo no, la que se celebra en la capital de la Riviera Maña y fue un rotundo éxito. 21 kilómetros disfrutando, ayudando al equipo, animando a tope, corriendo con la satisfacción de cruzar la línea de meta habiendo escoltado a muchas de ellas… para mí fue la mejor disputada en 2015 y una de las carreras más emotivas/emocionantes de cuantas he hecho. No por el crono, ni por las sensaciones. Fue la mejor por haberle echado una mano a toda esa gente que no se veía capaz, que se lo había currado en todos los entrenamientos y que lo hizo fenomenalmente bien. ¡¡¡Estuvo de puta madre la media!!!. Naranjitas mediomaratonianas… bien sabéis lo emocionado que terminó este servidor. Gracias a todas.

La más reciente, celebrada el pasado 7 de junio, también fue muy especial. La 10k de Zaragoza cumplía su primera década, estrenaba recorrido y batía récord de participación –al loro que estuvimos 6.000 almas-. Volví a hacer de liebre –esta vez 50´- y lo pasé realmente bien. El día anterior, en la feria del corredor, coincidí con otros globos y entre ellos estaban los fenómenos Toni Abadía y Carlos Mayo. Alucina lo que supone compartir risas con gente a la que admiro. Muy grandes… tanto como Ana Gericó, que llevaba el de 45´y va que vuela la tía.

Y el día de la prueba salió todo perfecto. Ambientazo, carrera cómoda, marcando ritmo constante, saludando hasta a las farolas, birricas de celebración y mucha emoción cuando las naranjitas sorprendieron a los monitores con un homenaje con forma de aplauso.

A partir de ahora le tocará a la Estampida Nocturna de Cadrete y al Trail Valle de Tena. Habrá que aplicarse para acabar la del último fin de semana de agosto –es más dura que la hostrix- y empezar a pensar en la Ultra Trail Guara Somontano. El miedo que me imprimen los 102kms y 6.000 metros positivos de desnivel no me dejan ni pensar en ella. A veces, eso sí, sueño que entro en meta.

Igual que el año pasado…

Pero con más dudas si cabe…

Imagen antes de salir el pasado año

Resulta que estamos a cinco días vista de la Jorgeada 2015, prueba no deportiva que enlaza -andando o corriendo- los 75 kilómetros que separan a Zaragotam de Hueskalerria. Y claro, como me toca andar habitualmente por motivos laborales, vuelvo de nuevo a por la versión trotona.

Este año coincidiré con más amigos y conocidos –cosas que tiene hacer buenas migas en el círculo trailrunnero aragonés-. Eso es algo que anima y ayuda a disipar miedos… porque os aseguro que acojona y mucho hacerse a la idea de llegar a meta sano y salvo.

Estoy sacando menos días de “entrenamiento” y procuro preparar un músculo que resulta fundamental para estas pechadas tan largas. Es la cabeza, la que manda y ordena cuando el cuerpo se planta en mitad del camino. Veremos qué sucede. Y si no me veo capaz recordaré el consejo de mi Carmen, que me decía que parase si me cansaba. ¡¡¡Lo haré abuelita, te haré caso!!!.

Aquí el mapa

Tengo que preparar todo, comprar un frontal de los buenos –no por esta cita sino pensando ya en la UTGS, que serán 102 kilómetros en octubre-. También hay que planificar la alimentación durante la prueba –me llevaré un par de bocatas porque los geles y las barritas deben ser infernales para el cuerpo si no se combinan con alimento de verdad-. Elegir zapas de monte o de asfalto… yo que sé, que hay muchos flecos sueltos y el pánico ralentiza todo.

Imagino que habrá momentos alucinantes, como los hubo en 2014, raticos en los que la opción más sensata es abandonar, minutos de disfrutar, horas de sufrir… ya veremos.

Las once horas que invertí el año pasado no ejercen presión de mejora. Quiero decir, que con llegar me basta y me sobra. Me da igual el reloj. Me conformo con entrar en Huesca.

Dentro de una semana, si recobro el habla, os cuento.

De trail running naranja en Monegros

El pasado 25 de enero, con un viento que tumbaba la vertical, fui con el 10K Club Zaragoza al Monegros Trail, una prueba que en su primera edición superó todas las previsiones de participación/repercusión.

Casi 80 de nuestras campeonas tomaron la salida de la distancia corta aunque a los 8kms iniciales hubo que sumarle casi dos más de regalo. Calentamos como siempre con nervios y sonrisas, fuimos agolpándonos en la línea de salida, el cierzo ya nos castigaba de lo lindo, cuenta atrás y go, go, go.

Las más rápidas del club salieron a toda mecha y servidor permaneció a mitad de pelotón con el resto. Había que animar al personal porque lo fácil era desistir y abandonar. ¡¡¡Pero no rebló ni una!!!.

Pistalucio de unos 3.000 metros, avituallamiento –el aire se llevaba los vasos y los pobres voluntarios no sabían qué hacer para mantenerlos en pie-, primeras rampas suaves y entrada en un pinar con sendas muy trotonas. Me quedé con Blanca y Rocío mientras nos pasaban las balas de la distancia larga. Ni mirábamos el reloj, ni sabíamos la distancia que restaba… no nos importaba miaja. Lo único que sabíamos era que íbamos en última posición… ¿pasaba algo?. Pues no. Nosotros a lo nuestro, a terminar bien sin importarnos el lugar que ocupábamos. Y animando a todos y cada uno de los corredores que nos animaban. Lástima no haber llevado pompones naranjas. Copón.

Entramos en meta felices y contentos, y allí estaba el resto del grupo. Hubo de todo: podios, buenas sensaciones, gente jodida que maldecía el viento, otras que habían acusado la distancia extra… en donde sí coincidimos todos, corredoras y monitores, fue en la satisfacción de haber hecho bien los deberes. La alegría era contagiosa porque, además, a pesar de terminar el objetivo de la jornada, quedaba una bola extra como regalo.

De Robres nos marchamos a Alberuela de Tubo para hacer el cabra por el parque de aventura “La Gabarda”. Tirolinas, puentes tibetanos, cuerdas… lo pasamos en grande jugando a ser tarzán –o Jane, mejor dicho-. Tras la comida del grupo, que sirvió de colofón a un día súper intenso, vuelta a casa. Antes incluso de llegar a Zaragoza muchos de los que coincidimos en esa jornada ya pensábamos en la siguiente cita. Será en marzo y habrá nieve… garantizado.

Carrera de montaña Mularroya

Cuatro días antes de la carrera estuve en la rueda de prensa de la “Izas Trail Series Zaragoza”. Tuve el honor de intervenir en condición de mantenedor y fue allí donde supe realmente del alcance de este proyecto conjunto. Cada cual representando a la prueba que organizaba pero todos tirando al unísono de una idea que promete (sigo pensando que tres cabezas piensan mejor que una… o cuatro, mejor dicho, que además de los responsables de las carreras, también estaba el patrocinador único de las tres pruebas).

El domingo asoma por la ventana y a eso de las 08:30 a por el dorsal a La Almunia, sin dejar de mirar el cielo porque las previsiones meteorológicas eran criminales. Al final no cayó ni una gota y el frío era más bien fresco tirando a muy tolerable.

Caras conocidas, muchos saludos, amigos y cero nervios. De hecho no tenía demasiadas ganas de empezar a correr. ¿El motivo?. Si para aprobar un examen hay que llevar la lección aprendida, para salir airoso en una carrera de este pelaje (25kms+ 600mts de desnivel) hay que entrenar. Y el suspenso estaba garantizado porque últimamente salgo poco a correr (que es verdad y no excusa… copón).

El objetivo era no sufrir. Y así lo hice. Cero agonía de principio a fin parando incluso antes de que se presentase la primera rampa. Por la cabeza se me pasó la idea de retirarme pero tampoco era plan. Ahora mismo estaría bien jodido si lo hubiese hecho. Sin embargo tengo una sensación muy distinta al fracaso… ¡¡¡porque me lo pasé de puta madre!!!.

Pistoletazo de salida, tira p´arriba, ritmos lentos, hablando con el personal, saludando hasta a los pinos, sumando distancia y sin tener ni una referencia del tiempo y del tramo cubierto. Solamente lo supe cuando le pregunté a una pareja con la que coincidí andando en una de la subidas. Me dijeron que llevábamos 51 minutos y 8,5 kilómetros. Lo mismo me daba.

Mis vecinos de Valdejalón tienen un patrimonio natural muy guapo y ello pudimos comprobarlo los que trotábamos –cada cual a su ritmo- por un monte precioso. Sendas, pistas, llanos, repechos… qué manera de gozar cuando ese afán competitivo desaparece. Como ya no soy friki –un poco más abajo tenéis el post- prefiero disfrutar del camino y no pensar en nada más.

En estas llego al km14 y me echo cuatro risas en el avituallamiento –pidiendo panceta como sustitutivo de plátanos y dátiles-. Iba cómodo, andando más que trotando y sin ninguna necesidad de acelerar. El cuerpo tampoco hubiese respondido así que me limité a pasármelo bien. Fuerte subida caminando, a gusto, charra que te charra, saludando a todos los voluntarios, adelantando y siendo adelantado… madre mía qué bien me lo estaba pasando.

Los caminos estaban menos embarrados de lo que se presuponía y la temperatura seguía siendo muy agradable. Los kilómetros pasaban y de repente, casi sobre nuestras cabezas, se presenta la rampa del km18. La virgen qué sofoco, cómo nos puso a cada uno en nuestro sitio. Desde ese momento fui agrupándome con pequeñas cuadrillas de corredores hasta que de nuevo volví a quedarme sólo. Luego hasta paré a hacerme unas fotillos con gente que sigue nuestro modesto proyecto chinochanero.

Ya en el tramo final coincidí con José Miguel, un Corredor del Ebro que iba tocado –si hubiese estado en plenas condiciones para pronto lo sigo… que es de los fuertes- y juntos entramos en meta.

Allí estaban mis friends Jaime, Miguel Ángel, Fernando, Jorge, Óscar y otros que, lógicamente, habían acabado mucho antes que yo. Me alegré mucho de ver las caras de felicidad que derrochaban. Lo que ocurre es que ellos habían echado el resto, se habían dejado la piel y yo no… muahahaaaaa!!!.

La carrera tuvo una organización más que aceptable. Muy buena, diría. No faltaron detalles antes, durante y después de la prueba. Y la gente del Club Atletismo La Almunia amabilísima a más no poder. Sabiendo cómo se las gastan y conociendo el recorrido prometo volver a la próxima edición –cumplirá su décimo aniversario-.

Ahora toca retomar entrenamientos y ponerse las pilas porque en enero empezará el baile serio. Tengo muchos y exigentes objetivos aunque eso es otra historia, que ya os contaré.

Go, allez, vamos… pero por el monte tensino

El pasado 23 de noviembre celebramos otra esperada cita con las guerreras del 10KClubZaragoza –ese grupo de entrenamiento del que os he hablado en alguna ocasión-. Habíamos elegido ese domingo para volver a corretear por montaña y aprovechar un otoño que se resiste a desaparecer.

El escenario escogido… pues qué os voy a decir… uno que me tira mucho desde que era pequeño por la implicación emocional que tengo con él: Panticosa y El Pueyo de Jaca. Jooooodo. Cuando tuve que elegir ruta no tuve ni una duda; de cabeza a este rincón tensino tan acojonantemente guapo.

Puntuales y con muchas ganas nos reunimos las 55 valientes del club -uniformadas con un naranja que no pasa desapercibido- y varios monitores en las instalaciones deportivas de La Paúl, a las afueras de Panti. Breve explicación de qué íbamos a hacer y rápidamente a correr desbocad@s.

Bajada preciosa de aperitivo hasta El Pueyo de Jaca, paso fugaz por el pueblo y primer y único repecho destacable por el Camino de la Acequia. Qué preciosa estaba la senda, qué alfombra bajo nuestros pies, qué buen rollo generalizado, qué vistas, qué tramo desplomado junto al río, qué pasamanos de acero para no caernos al agua… Obligada parada técnica. Tuvimos que pasar de una en una y con mucha precaución. Que sepas Celia que fuiste la que más genio le plantó al vértigo… me quito el sombrero.

Continuamos a un ritmo muy suave hasta que cruzamos el cauce del Caldarés por un puente aéreo que quita el sentido. Menudo rincón más guapo… ¿cómo íbamos a pasarlo sin hacer un millón de fotos?. Teléfonos, cámaras y rostros que decían “nos lo estamos pasando mal, ¿sabes?”.

Ahí enlazamos el Camino de Las Palizas y bajamos por una densa selva de bojes. Los entrenamientos del grupo están dando buenos resultados y a pesar de no tener demasiada destreza en el trail, los ritmos eran buenos y la fatiga ni siquiera había hecho acto de presencia.

Llegamos de nuevo a El Pueyo de Jaca, traguito de agua y a Panticosa. Esta vez en sentido ascendente con alguna que otra rampa considerable. Cuando llevábamos una hora de actividad propusimos estirar el trote subiendo al Mirador de Santa María. Era opcional y ¿sabéis qué?… que todas se apuntaron.

Cuando hicimos ese recomendable añadido nos esperaba un avituallamiento que todos agradecimos: agua, sandwiches riquísimos cortesía de Lorena (Delicados Bocados se llama su empresa) y rock duro a todo trapo sonando en los altavoces.

El intenso correteo necesitaba de un relax que pudimos disfrutar en la piscina cubierta de La Paúl. Y quien dice piscina también dice baño turco y sauna. El ayuntamiento de Panticosa se enrolló mucho con nosotros y nos lo puso muy fácil (abriendo incluso las instalaciones para el grupo). Chapuzón y chapuzón mientras compartíamos cómo había transcurrido el entrenamiento.

Finalmente, en Casa Morlans, comimos como curas y brindamos por un día en el que todo, absolutamente todo, salió mejor de lo que estaba previsto.

Para este humilde servidor fue un placer llevar al grupo y aportar un minúsculo granito de arena para que las chicas le pillen el gustillo al monte y a los senderos. Un honor, un lujo y una gozada haber formado parte de ese equipazo en el que superación y avance retumban siempre en cada zancada.

¡¡¡Bien por el 10kClubZaragoza, por sus integrantes y por los panticutos y lapayones que nos ayudaron!!!. Carlos, Jaime, Fran… os debo una.

Long (pero long) Trail de la UTGS

Las grandes citas se hacen esperar y lógicamente terminan llegando. Además, en muchas ocasiones, cuando se presentan, parecen simular una pillada in fraganti que aparece justo en el momento en el que abres los ojos y dices “¿hoy?… ¿ya?… ¡¡¡pero si hace 30 días faltaba un mes!!!”. Son caprichos del calendario y del afán por cumplir un compromiso que, en este caso, se adquiere con la inscripción a una prueba determinada.

Cuando mandas el formulario estás que te sales. Ganas de preparar la carrera, motivación por las nubes, desafío… todas esas movidas que nos se nos pasan por la cabeza y que llegan incluso a ensombrecer lo que realmente importa de esta adicción: correr por correr. A mi estas historietas me resbalan cada vez más… ¡¡¡que soy popular sin aspiraciones, copón!!!. Prefiero ir, disfrutar y quedarme con la sensación de haber hecho algo que, sobre todo, me gusta.

En principio, viendo la inminente llegada de la Long Trail -versión intermedia de la Ultra Trail Guara Somontano- era esa la intención. Pero las cosas no siempre se salen según lo previsto.

Alquezar, principio y final de la UTGS

Tenía muchas ganas de ir a Alquézar y cubrir los 50kms y los 2.400mts+ de desnivel. Al principio, en julio, empecé entrenando a conciencia, dándole fuerte, pero un mes más tarde la frecuencia y la calidad fue mermando. En septiembre por ejemplo corrí 60kms en todo el mes. Tendría que haber hecho esa distancia semanalmente pero que si quieres arroz Catalina. Y no me excuso ¿eh?, que de nada sirve el típico pretexto de “voy jodido, no he entrenado lo suficiente, ya verás”. Era consciente de cómo llegaba a la línea de salida.

Estaba convencido de que el cuerpo no rularía y que por tanto debía ser la cabeza la que mandase en la maquinaria. Y así fue. Suena el pistoletazo, con una emoción altísima, y una hora más tarde, nada más pasar Asque, las piernas empiezan a dar guerra. ¡¡¡Me cagüen el esqueleto humano, qué pronto entran las molestias!!!.

No pasa nada chaval. Sigue, no pienses, corre y hazlo sin dosificarte. Es muy poco probable que termines así que si te rompes que sea lo más próximo a la meta. Claro, muy bien, lo que pasa es que restaban más de 40 kilómetros para ese instante.

Bajada rápida al puente de Villacantal

Bajada rápida al puente de Villacantal

Por la cabeza un único pensamiento: continúa, no pares y si te ves mal te jodes y aguantas. Así fue durante toda la prueba. Lo que sí hice bien fue cumplir a rajatabla los consejos que me dieron -uno del que ya os he hablado alguna vez con el que comparto apellido- sobre alimentación e hidratación. Comer mucho y beber más. Se sufría, ya lo creo, pero los kilómetros seguían pasando.

El gran José Fabana. Segunda vez que coincido con él por estas tierras

El gran José Fabana. Segunda vez que coincido con él por estas tierras

A todo esto, salvo los 20´ que coincidí con José, el titán de Lupiñén, fui sólo durante todo el recorrido. Subida a Basacol, infierno hasta el Mesón de Sevil -ojito el bucle que tuvimos que hacer, con un soporífero y largo repecho-, la Viña, Radiquero y, por fin, Alquézar. A las dos horas corría bien poco en las bajadas y muy poco en los tramos llanos. Sin embargo, en las cuestas me venía arriba. Extendía los bastones, chutes de cafeína a saco y cadencia, cadencia.

Llega un momento en el que miras el reloj y ves que ha pasado el tiempo volando. “Hostias, llevo seis horas ya… si le meto candela igual bajo el tiempo que tenía en mente”. He de decir que mis mejores previsiones oscilaban entre las ocho horas y media y las nueve.

En ese momento piensas “de perdidos al río, no bajes la marcha y a lo que estamos escopeta”. Algo de música para airear el cansancio, miradas continuas al reloj para empezar a restar distancia e intentar mantener el ritmo, agua sin cesar, garrampazos en forma de geles -no sé qué demonios le meten a eso pero te espabila al instante- y mucha cabeza para olvidar lo mucho que dolía ya el cuerpo. Muchísimo. Había que hacer lo que fuese para no parar.

Las incesantes blasfemias denotaban la pésima situación del cuerpo. Pero cada vez estaba más cerca. Por un instante vi que era posible rascar las ocho horas. Y ya estaba en Radiquero. Solamente quedaba la última putada… llegar a meta.

Pensaba que ya estaba muerto...

Pensaba que ya estaba muerto…

Tras 07h51min entré en Alquézar, con unos dolores terribles, con la convicción de no haberme guardado nada, con una sensación interior que, de nuevo, hizo que rompiese a llorar -creo que perdí más sales por lágrimas que por sudor durante todo el recorrido-. Ese es uno de los puntos fuertes que tienen estas pruebas montañeras, que te sacan la emoción sin previo aviso.

En la línea de meta estaban los cuatro fenómenos que organizan esta prueba. Santi Santamaría, Kike Borrás, Javier Subías y Pau Jordan -todos con nombres y apellidos- me recibieron como si fueran parientes míos, como si fuese el único participante en la carrera. Me hicieron sentir bien. Como además este año no me había perdido no faltaron las risas.

También estaba mi cuñati que había hecho la versión trail -era su primera vez y lo hizo de maravilla- y otros amigos con los que fui coincidiendo mientras agonizaba -cervezas y pitillos mediante, of course-.

El resultado es que durante el recorrido no disfruté nada. Solamente sufrí. La principal conclusión es que todo, absolutamente todo, está en la cabeza. No hay imposibles sino serenidad y ganas de hacerlo bien. Para mí, por motivos que exceden a la propia carrera, la Long Trail de la UTGS ha sido la mejor experiencia runnera que he tenido jamás. Y no exagero.

Sobra decir que la organización es impecable, que los voluntarios parecen haber pasado un exigente casting porque son amabilísimos sin excepción, que el entorno es precioso y que el sacrificio merece la pena. Sin duda, hasta que empiece a fallarme la memoria, recordaré ese día como uno de los más duros, placenteros e intensos de mi vida.

Al año que viene volveré, seguro, pero igual como voluntario. Si tengo que subir el listón y hacer la ultra de 102kms necesitaría volver a nacer y prepararme a conciencia durante más de una vida. Puesto que eso está reservado solamente para los extraterrestres es difícil que a estas alturas cambie de planeta.

De vuelta a la vida

De vuelta a la vida

De finde en Benasque

Casi nada la que se montó en Benasque el pasado fin de semana. Fueron casi tres intensos días -26 y 27 de julio- para acoger al acojonantemente guapo Gran Trail Aneto-Posets. Y no creáis que resulta fácil recopilar todo lo que sucedió entre la noche del viernes y la del domingo; estuvo tan de puta madre, de hecho, que se posiciona, a día de hoy, como uno de los mejores findes en lo que va de año. Todavía estoy flipanding.

Esto de corretear me gusta –siempre desde mi modesta condición de trotón/disfrutón– y si es por el monte todavía más. Será por mi corta experiencia en carreras pero nunca antes había estado en una prueba trailera de semejantes dimensiones. Di que los big firends de la UTGS también la lían parda en Alquézar, pero claro, en Guara el número de participantes es muchísimo menor –el por qué no viene a cuento- y eso se aprecia en el mogollón que pulula por las calles y montes durante el transcurso de la prueba.

Más de 2.400 inscritos en las cinco modalidades que la organización planteó y ambientazo apoteósico el que se respiraba en Benás. Todo el valle volcado en la prueba, calles repletas de corredores y acompañantes, terrazas a tope, buen rollo contagiado, amigos y conocidos con los que te topabas cada cuatro pasos, unos con nervios –los corredores- y otros –véase servidor- con una permanente sonrisa de oreja a oreja. Vaya pasada. Por cierto, creo que era el único del pueblo que llevaba las piernas sin depilar.

Por suerte pude disfrutar de todo el finde ya que el viernes antes de cenar ya estábamos mi santa y yo callejeando por el pueblo. La primera toma de contacto fue en el pabellón polideportivo, mientras recogíamos los dorsales. Allí pusimos en práctica un vocablo tan aragonés como es capazo, que significa entablar largas y afables conversaciones con gente de bien en un ambiente distendido, cordial y bla-bla-bla… charrar por los codos, vaya.

Esa misma noche coincidimos ya, entre otros, con Víctor&Noe, compadres del mundillo audiovisual, y, tras una riquísima cena pantagruélica, fuimos a ver a los 275 extraterrestres que tomaban la salida de la prueba reina. Me sigue pareciendo una salvajada plantearse si quiera hacer algo así: enlazar 109 kilómetros y salvar un desnivel de 7.000 metros por un terreno que en ocasiones pasa de complicado a técnico que te pasas -38,8kms transcurrían por encima de los 2.000 metros de altura… al loro-. Creo que ni naciendo tres veces podría culminar una pechada de este calibre.

El sábado tocaba dar un paseo mañanero desde Los Llanos del Hospital hasta el refugio de La Renclusa. El propósito era almorzar en plan light –si no conocéis cómo cocina Antonio Lafont, el guarda, ya estáis tardando-. Subida amena de nuevo con Víctor&Noe, sol sacudiendo fuerte, risas, cervezas, tumbing y longaniza con fritada. Tira. A ver cómo se mejora eso.

Se nos pasó el día sin darnos cuenta aunque todavía quedaba animar en la Avenida de los Tilos de Benasque a los que iban entrando a meta. Algunos de la Ultra, otros de la Vuelta al Aneto (58kms y 3.700mts de desnivel) y también los del Maratón de las Tucas (42kms y 2.500mts). Las imágenes que se sucedían en la recta final eran súper emocionantes. Gente que entra rota, otros que demuestran entereza, corredores acompañados por sus hijos, unos que sonríen, otros que no pueden contener las lágrimas… cuánto conmueven las líneas de meta. Al menos a mí.

De nuevo cena “ligera” y a dormir. El domingo había que estar a punto para ver la salida de los mediomaratonianos (23kms y 1.250 metros de desnivel en torno al Pico Cerler) y treinta minutos más tarde debíamos colocarnos en posición para hacer el recorrido más corto: 9kms y 450 metros de desnivel. Me apunté a esa distancia con mi santa, era su primera vez. Trotecito hasta Anciles, subida caminando en sombra y con buena temperatura, avituallamiento en la base de la estación invernal, bajada entretenida por un par de PR enlazados y meta. Tan ricamente. Por cierto, la santa entró en la posición nº18 de la general femenina y sexta en su categoría. ¿No está mal para ser su bautismo, no?.

Luego nos marchamos pitando a Castanesa porque nos esperaba un futuro campeón mundial de todo lo que se proponga porque para eso es grande a pesar de su corta edad. Momento padre, sorry.

El finde fue intenso, divertidísimo, emotivo y con apañeros del metal que, en mayor o menor medida, enriquecen cualquier coincidencia. Además de los momentos no traileros me he dado cuenta de que las carreras de montaña no solamente se corren; también se pueden disfrutar desde la barrera. Vivir un ambientazo como el que rezumaba la Gran Trail Aneto- Posets justifica cualquier desplazamiento. Formar parte de algo tan grandioso, aunque sea vestido de civil, enriquece un montón. En mi caso, antes que popurruner he sido andarín montañés. Por eso esta fusión de zancadas y monte me encanta.

Sabe dios qué sucederá en julio del año que viene. Si estoy para correr me colgaré un dorsal más exigente –ultra trail no, gracias, que le tengo aprecio a mi vida-. Y si me tengo que conformar con animar a corredores a los que admiro pues tan ricamente. Benasque, espérame otra vez que subiré.

P.D.- Las imágenes -salvo la última- son de Javier Barahona/Trangoworld 2014

KDRTrail… ya verás dentro de unos años

Hay carreras que tienen un carácter lucrativo que se huele a lo lejos –seguro que recordáis alguna- y otras que, por el contrario, pretenden agradar al corredor haciendo todo lo posible para que se lo pase en grande. Para lograr ese fin los organizadores despliegan un sinfín de armas que pasan por un recorrido atractivo, precio de la inscripción súper ajustado, atención, sonrisas y pequeños detalles que hacen grande a una prueba humilde. Incluso aunque acabe de nacer.

La primera edición de la KDRTrail cumplió esos y otros requisitos convirtiéndola en carrera deseada para los 400 inscritos que fuimos colocándonos en la línea de salida –había versión trailrunnera y también senderista-. Y es que, además del “no sé qué” que tiene cada carrera, la celebrada en Cadrete el pasado 12 de julio fue acojonantemente guapa.

Subir y bajar de noche a Las Planas de María -trazado de por sí sugerente- seis eurolos de inscripción incluyendo frontal y manguitos en la bolsa del corredor, currados avituallamientos (uno a mitad de recorrido y otro más generoso tras la línea de meta), colaboración de otros colectivos del pueblo como el Club Ciclista Cadrete, buen rollo, sorpresas en mitad del camino (un hombre lobo que salía de la nada acojonando al personal y un jamón esperando al valiente que se lo echase al hombro y corriera los diez kilómetros con él encima), voluntarios sonrientes, buen rollo entre corredores… esa fue la carta de presentación de una aparentemente humilde carrera a la que se le augura larga vida.

Servidor hizo la suya, en principio con ganas de darle duro, pero flojando por flojera en el kilómetro tres. Me había levantado a las 04:30 de la madrugada, había estado currando al sol sin tregua, tuve que entretener a la chavalería al llegar a casa y tumbar, por deseo propio, jarricas&cigarros antes de echar a correr. Total, que no fueron excusas porque la fuerte subida de la primera mitad de carrera me puso pronto en el sitio que debía ocupar –qué falta de fuelle, copón-. Chino- chano y a la marchica fui trotando/andando hasta coronar el alto y luego bajando a fuego por pistas y senderos. El discreto crono (57´41´´) lo de menos. Lo importante fue disfrutar de lo lindo, coincidir con amigos y formar parte de esta carrera. Al año que viene iré y seguro que no seremos 400. Muchos más se sumarán a esta cita porque el boca-oído ha empezado propagando la calidad de esta KDRTrail.

Enhorabuena a la organización y muchas ediciones que vengan.

 

Experiencias y momentos de la 10K Zaragoza

No va a ser esta la crónica habitual de una prueba porque eso solemos hacerlo con frecuencia los que blogueamos sobre running popular. Además, de vez en cuando hay que darle un giro al temario y, por esta razón, prefiero compartir mi experiencia en la 10k de Zaragoza a través de las emociones que coincidieron en la mañana del pasado 8 de junio.

La novena edición tuvo varios añadidos: se había batido el récord de participación (4.000 almas), el 44% eran chicas –muchas procedentes del 10k Reto Women Running-, coincidí con muchísimos amigos y, sobre todo, volvía a guiar a los que querían hacer 55´. El grupete al que acompañé fue más numeroso que otros años y las caras de alegría denotaban muchísimo júbilo al pasar bajo el arco de meta.

Nada más llegar, tras ver el 55´10´´ en el peluco, me quedé a esperar, animar y felicitar a los llegados. La satisfacción personal es la hostia. Comprobar cómo personas que nunca han corrido terminan eufóricas es muy gratificante, mucho más que superar cualquier marca personal y rascarle unos segundos insignificantes al crono. Ir de globo es otro rollo porque corres para los demás. Sin duda, fue un honor formar parte de esta carrera. Desde aquí mi agradecimiento a la organización por hacerme un hueco.

10428467_10204079790424205_6643048705124782107_nBesos, abrazos, choques de manos y palmadas en la espalda son las maneras con las que nos demostramos afecto. Pero en una meta parece que cobran mayor dimensión. Recibí un hostión en el omoplato que lo confirma… sin acritud.

Hubo muchos que no pudieron conseguirlo o que estuvieron a punto de llevarse un buen susto porque el calor fue sofocante. Los servicios médicos iban más rápido que muchos corredores… no daban abasto entre lipotimias y golpes de calor. Por fortuna no se registró ninguna incidencia grave.

Quizá algunos, los menos versados, desafían demasiado a sus propias posibilidades. No hay que llegar a esos extremos porque ésto, para los que somos popurruners, es simplemente un divertimento, una sana adicción que jamás debe írsenos de las manos.

Incluso para los que acabaron hiper jodidos la 10k zaragozana fue una auténtica pasada. Muchas chicas del reto conocieron en primera persona lo que significa culminar un propósito. Y el resto, los que reincidían en carreras populares, volvieron a experimentar lo que supone participar en una prueba de tamaño calibre.

Estuvo muy bien. Por el antes –la feria del corredor era un festival-, el durante y lógicamente el después. Caras de felicidad, litros y litros de líquido bien para hidratarse o para brindar, gestos emotivos y alegría desbordada, grupos que comentaban la jugada, gente que nos resistíamos a marcharnos de los aledaños del Príncipe Felipe, entusiasmo generalizado… la de momentos que se agolparon en la 10k.

Solamente por vivir experiencias de este tipo merece la pena calzarse las zapatillas. No hay que volverse loco porque es tan sólo una afición. Aunque este último sólo debía haberlo escrito entre muchas comillas.