Es importante dormir bien…

La meta de 2013 en la distancia 37k

Escribía en este mismo blog, a mediados de julio, que me quedaban 79 días de miedo. Eran las jornadas que, por aquel entonces, restaban para la Ultra Trail Guara Somontano. Ahora, sin embargo, sólo quedan 45 y mientras el calendario lleva su marcha –a veces con sensación de demasiada celeridad- el pánico se está amplificando hasta quitarme el sueño. ¡¡¡Con lo bien que duermo cuando duermo bien!!!.

Lo que marqué como propósitos de cambio siguen siendo eso, intenciones… pero no se materializan. Eso me está jodiendo vivo por no ponerme las pilas de manera inmediata -aunque sé que por mucho que haga llego tarde-.

No sé lo que es continuidad en los trotes, que no entrenamientos. La alimentación sigue siendo mierdosa. El gimnasio hace días que no lo piso. Las excusas imperan siempre. La motivación desapareció. La apatía manda. Por lo tanto, ¿qué napias hago?, ¿es una temeridad intentarlo o por el contrario lo más sensato es apearse?. Ni idea sobre cómo afrontar esta recta final. Imagino que cambiando radicalmente de actitud… aunque sea por las noches.

Aquí la agónica de 2014 en la versión 50k

A veces, cuando duermo bien, manan imágenes de esfuerzo, de sacrificio, de dolor, de acojono, de calma intensa, de fallecimiento y posterior renacimiento, de superación y finalmente de consecución. “Aunque sea hazlo andando Navascués, me cagüen la puta, que para eso te ganas la vida chino- chano”. Eso me repito constantemente.

Siempre he pensado que en esto de corretear, el 40% es cuerpo y el resto cuestión de cabeza. Pero claro, en 102 kilómetros todo debe acompañar, desde las rodillas, hasta la cordura. Quiero pensar que el cuerpo obedecerá las órdenes que le envíe el cerebro. El año pasado lo hizo -aunque fuese la mitad de distancia y tres veces menos de tiempo- y confío en que, dentro de 45 días, pase lo que quiero que suceda. Además hay un aliciente -ya os lo contaré en otro momento- que contribuirá a seguir en carrera hasta pisar la moqueta de Alquézar. Habrá que terminar cueste lo que cueste… copón!!!. A ver si de una vez por todas el propósito se convierte en fin. O en meta, mejor dicho.

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Un GTAP apasionante

Tenía previsto hacerlo sí o sí pero volvía súper ilusionado a Benasque, con una motivación extra. La organización del Gran Trail Trangoworld Aneto- Posets me había propuesto hacer de speaker en una prueba que descubrí el año pasado y me alucinó.

Varios amigos –de los buenos- querían correr su primera carrera por montaña y se habían inscrito semanas antes a la distancia más modesta. Pero lo que dije durante el rollo interminable que solté en la línea de meta: cualquier recorrido merece todos mis respetos. Tanto mérito tiene quien se prepara una ultra, como el que se inicia y decide coger el toro por los cuernos colocándose por vez primera un dorsal. Así que, queridos míos, ¡¡¡felicidades por lo que firmasteis!!!. En principio la intención era acompañar a mis friends durante todo el fin de semana pero claro, la encomienda microfonada también mediaba. De qué manera, además.

La noche del viernes prometía…

Había que darle el pistoletazo al Gran Trail, la prueba reina, la que más expectación despierta. ¡¡¡Buf, qué momento!!!. Fue mucho más intenso y emocionante que la de 2014. Y es que además de zambullirme en un ambiente acojonantemente emotivo, tenía el honor de iniciar la cuenta atrás y de decirles a los 300 ultrafondistas que hiciesen el favor de mantenerse despiertos. Porque sólo alcanzan los sueños los que, cuando llega la hora, saben estar despiertos. ¡¡¡10, 9, 8, 7, 6, 5, 4, 3, 2, 1… infinito!!!. Hay que estar allí para vivir algo tan fugazmente intenso. Una pasada.

Los corredores se marcharon y los cientos de personas que estábamos en la Avenida de los Tilos nos fuimos retirando poco a poco –unos a casa y otros a tomar unas gotetas por su sitio-.

Amaneció el sábado…

Mañana relajada y entretenida viendo el ambientazo que había en Benasque. Todo muy tranquilo y cordial hasta que el reloj marcó las 13:15 horas. En ese preciso instante nuestro amigo Pablo Franco (www.unoquecorre.com), que estaba haciendo la GT de 109kms y 7.000mts+, entró en el pueblo tras haber culminado el primer bucle. Hostias qué momento. Fue verlo y salir pitando con él unos metros. Me dijo que tenía mucho sueño y que le rondaba la idea de abandonar. Todos mis ánimos fueron para él y os aseguro que se me cayeron unas lagrimillas cuando lo vi marchar hacia el siguiente avituallamiento. 14 horas más tarde, es decir, a las 3 de la madrugada, entraría en meta casi sin fuerzas pero, como recoge en su crónica, “tocaba el cielo”.

A eso de las 14:00h del sábado fui a cogerle el testigo a Toñín Laguarta, también speaker de la carrera; un tipo que derrocha buen rollo incesantemente. Desde ese momento y hasta las 22:00h fue un sin parar. Recibir a los vencedores de las pruebas que estaban en marcha, charrar unos minutos con el mismísimo Luis Alberto Hernando, animar a los de la GT que iniciaban el segundo tramo de la prueba, entrevistar a todo cristo, contar anécdotas y datos curiosos de la logística que conlleva una prueba de estas dimensiones, felicitar a amigos y conocidos que terminaban –véanse José Fabana, Roberto González, los Corredores del Ebro y la cuadrillita buena de Muel, entre otros- … yo que sé lo que pude largar en ocho horas seguidas.

Fue una tarde intensa e irrepetible. Lo que más me impactó fueron los momentos emotivos que se concentran en la meta. Gente que entra fundida y tan sólo reserva fuerzas para levantar los brazos; otros que dan los últimos pasos acompañados de familiares; otros que por el mero hecho de acabar lloran desconsoladamente… hubo momentos en los que tuve que alejarme porque soy de lágrima fácil y me contagio rápidamente de esa emoción.

Volvió Toñín a por el micrófono y servidor se marchó a dormir porque al día siguiente debía estar en Panticosa a primera hora.

Llegó también el domingo…

Mientras conducía temprano –disculpen mi imprudencia, señores agentes- estuve muy pendiente de mis compis, que salían a las 09:00h para darle la vuelta al Molino de Cerler. Whatsaps a fuego de júbilo porque todos hicieron lo que tenían previsto hacer. ¡¡¡Qué bien saben las alegrías cuando son compartidas por gente que quieres!!!.

Correr no es sólo encadenar zancadas. Va mucho más allá. En este caso puedes incluso llegar a percibir las sensaciones que tienen 2.700 tipos que han invertido horas y horas de su tiempo para afrontar unos recorridos que asustan y emocionan al mismo tiempo. Todo eso se percibe en la línea de meta. Por eso el privilegio de poder contarlo en voz alta es lo que hace que el Gran Trail Trangoworld Aneto- Posets sea, desde hoy mismo, mucho más que una carrera por montaña. Al menos para mi.

79 días de miedo

Falta muy poco tiempo para octubre. Quizá para otra gente el décimo mes del año está #ATPC pero a este servidor le empiezan a intimidar el calendario… porque lo ve a la vuelta de la esquina. El tercer día de octubre se celebrará una nueva edición de la Ultra Trail Guara Somontano y ese día supondrá mi primera vez en el intento, que la consecución no está garantizada. Y claro, pánico es poco.

A los miedos propios que le surgen a quienes se plantean un reto de semejante calibre –menos a unoquecorre.com, que es un fuera de serie- se unen los míos, que pasan por llevar una mochileta de cuatro kilos en la tripa –no paro de engordar aunque poco hago por remediarlo-, la continuidad en los entrenamientos es horrible, hago muchísimos menos kilómetros de los que debiera y, además, sigo sin verme capaz.

Para tomar cartas en el asunto he empezado a ir al gym y Óscar, el entrenador boss, está muy pendiente. Sabe que tiene tres meses para hacer lo imposible y, al menos él, no tira la toalla. Con él y por mi cuenta llega el momento de ganar confianza, de aplicarse al máximo y de empezar a pensar en una meta aunque sea inalcanzable por ahora. Todo se andará.

La prueba de fuego previa a la UTGS llegará el último fin de semana de agosto. A pesar de su dureza le tengo muchísimas ganas al Trail Valle de Tena, porque discurre por un terreno precioso que he pateado alguna que otra vez. En este caso no acojonan los 44kms ni los 3.300 metros de desnivel positivo porque iré al trantran, más tirando como marcha senderista que como carrera trailrunnera. Me apetece mucho corretear por un valle que representa mucho en mi vida porque muchos de los mejores momentos que he vivido se localizan allí. Será jodido, ¿eh?, que el granito, la altitud y un perfil súper exigente me pondrán rápidamente en mi sitio. Pero saldrá todo bien… no hay plan b.

A veces me pregunto por qué hostias me meto en embarcadas de este tipo si luego no pongo toda la carne en el asador. Sin embargo en ocasiones, como dije, sueño que consigo cruzar la meta. El tiempo asusta, no creo que llegue todo lo preparado que a mí me gustaría, pero tampoco es cuestión de tirar la toalla a falta de 79 días.

Me cagüen su vida… ¡¡¡si estoy contando ya las jornadas que quedan!!!.

P.D.- Quizá no sólo vaya a correr a Guara… aunque por ahora eso es un secreto.

Jorgeada, Media Maratón y 10k Zaragoza

Últimamente he andado despistadillo y el blog ha tenido menos actividad que de costumbre. Sorry prendas. Además, las entradas “recientes” han estado referidas al wine y ya iba siendo hora de darle paso al running con un breve resumen de las tres últimas pruebas en las que he participado: una con resultado nefasto y dos con sabor de boca inmejorable.

La noche del 22 de abril tomé salida en la Plaza del Pilar para afrontar los 75kms que separan Zaragotam de Hueskalerría. Volvía ilusionado a la Jorgeada aunque menos preparado que la edición anterior. Y lo pagué. Vaya si lo pagué.

En el km 30 terminó para mí la prueba porque me retiré. Jodido, con malas sensaciones, descentrado, con la cabeza que sólo transmitía mensajes de esos que te impiden ir cómodo. Fatal. Troté a duras penas con el inmensamente generoso Daniel –a quien conocí en esa misma carrera el año anterior- hasta que el pabellón de Zuera supuso la retirada. Sin embargo no me jodió como deben doler los abandonos. Sabía que tenía como mínimo 6 horas más de agonía y pasaba de sufrir. Sigo pensando que hice bien. Continuar habría sido un suicidio.

Las dos carreras siguientes estuvieron teñidas de naranja, el color del 10kClubZaragoza en el que tengo la suerte de formar parte.

Durante 14 semanas estuvimos preparando a cuarenta chicas para que hicieran su primera media maratón. Escogimos, cómo no, la que se celebra en la capital de la Riviera Maña y fue un rotundo éxito. 21 kilómetros disfrutando, ayudando al equipo, animando a tope, corriendo con la satisfacción de cruzar la línea de meta habiendo escoltado a muchas de ellas… para mí fue la mejor disputada en 2015 y una de las carreras más emotivas/emocionantes de cuantas he hecho. No por el crono, ni por las sensaciones. Fue la mejor por haberle echado una mano a toda esa gente que no se veía capaz, que se lo había currado en todos los entrenamientos y que lo hizo fenomenalmente bien. ¡¡¡Estuvo de puta madre la media!!!. Naranjitas mediomaratonianas… bien sabéis lo emocionado que terminó este servidor. Gracias a todas.

La más reciente, celebrada el pasado 7 de junio, también fue muy especial. La 10k de Zaragoza cumplía su primera década, estrenaba recorrido y batía récord de participación –al loro que estuvimos 6.000 almas-. Volví a hacer de liebre –esta vez 50´- y lo pasé realmente bien. El día anterior, en la feria del corredor, coincidí con otros globos y entre ellos estaban los fenómenos Toni Abadía y Carlos Mayo. Alucina lo que supone compartir risas con gente a la que admiro. Muy grandes… tanto como Ana Gericó, que llevaba el de 45´y va que vuela la tía.

Y el día de la prueba salió todo perfecto. Ambientazo, carrera cómoda, marcando ritmo constante, saludando hasta a las farolas, birricas de celebración y mucha emoción cuando las naranjitas sorprendieron a los monitores con un homenaje con forma de aplauso.

A partir de ahora le tocará a la Estampida Nocturna de Cadrete y al Trail Valle de Tena. Habrá que aplicarse para acabar la del último fin de semana de agosto –es más dura que la hostrix- y empezar a pensar en la Ultra Trail Guara Somontano. El miedo que me imprimen los 102kms y 6.000 metros positivos de desnivel no me dejan ni pensar en ella. A veces, eso sí, sueño que entro en meta.

Igual que el año pasado…

Pero con más dudas si cabe…

Imagen antes de salir el pasado año

Resulta que estamos a cinco días vista de la Jorgeada 2015, prueba no deportiva que enlaza -andando o corriendo- los 75 kilómetros que separan a Zaragotam de Hueskalerria. Y claro, como me toca andar habitualmente por motivos laborales, vuelvo de nuevo a por la versión trotona.

Este año coincidiré con más amigos y conocidos –cosas que tiene hacer buenas migas en el círculo trailrunnero aragonés-. Eso es algo que anima y ayuda a disipar miedos… porque os aseguro que acojona y mucho hacerse a la idea de llegar a meta sano y salvo.

Estoy sacando menos días de “entrenamiento” y procuro preparar un músculo que resulta fundamental para estas pechadas tan largas. Es la cabeza, la que manda y ordena cuando el cuerpo se planta en mitad del camino. Veremos qué sucede. Y si no me veo capaz recordaré el consejo de mi Carmen, que me decía que parase si me cansaba. ¡¡¡Lo haré abuelita, te haré caso!!!.

Aquí el mapa

Tengo que preparar todo, comprar un frontal de los buenos –no por esta cita sino pensando ya en la UTGS, que serán 102 kilómetros en octubre-. También hay que planificar la alimentación durante la prueba –me llevaré un par de bocatas porque los geles y las barritas deben ser infernales para el cuerpo si no se combinan con alimento de verdad-. Elegir zapas de monte o de asfalto… yo que sé, que hay muchos flecos sueltos y el pánico ralentiza todo.

Imagino que habrá momentos alucinantes, como los hubo en 2014, raticos en los que la opción más sensata es abandonar, minutos de disfrutar, horas de sufrir… ya veremos.

Las once horas que invertí el año pasado no ejercen presión de mejora. Quiero decir, que con llegar me basta y me sobra. Me da igual el reloj. Me conformo con entrar en Huesca.

Dentro de una semana, si recobro el habla, os cuento.

De trail running naranja en Monegros

El pasado 25 de enero, con un viento que tumbaba la vertical, fui con el 10K Club Zaragoza al Monegros Trail, una prueba que en su primera edición superó todas las previsiones de participación/repercusión.

Casi 80 de nuestras campeonas tomaron la salida de la distancia corta aunque a los 8kms iniciales hubo que sumarle casi dos más de regalo. Calentamos como siempre con nervios y sonrisas, fuimos agolpándonos en la línea de salida, el cierzo ya nos castigaba de lo lindo, cuenta atrás y go, go, go.

Las más rápidas del club salieron a toda mecha y servidor permaneció a mitad de pelotón con el resto. Había que animar al personal porque lo fácil era desistir y abandonar. ¡¡¡Pero no rebló ni una!!!.

Pistalucio de unos 3.000 metros, avituallamiento –el aire se llevaba los vasos y los pobres voluntarios no sabían qué hacer para mantenerlos en pie-, primeras rampas suaves y entrada en un pinar con sendas muy trotonas. Me quedé con Blanca y Rocío mientras nos pasaban las balas de la distancia larga. Ni mirábamos el reloj, ni sabíamos la distancia que restaba… no nos importaba miaja. Lo único que sabíamos era que íbamos en última posición… ¿pasaba algo?. Pues no. Nosotros a lo nuestro, a terminar bien sin importarnos el lugar que ocupábamos. Y animando a todos y cada uno de los corredores que nos animaban. Lástima no haber llevado pompones naranjas. Copón.

Entramos en meta felices y contentos, y allí estaba el resto del grupo. Hubo de todo: podios, buenas sensaciones, gente jodida que maldecía el viento, otras que habían acusado la distancia extra… en donde sí coincidimos todos, corredoras y monitores, fue en la satisfacción de haber hecho bien los deberes. La alegría era contagiosa porque, además, a pesar de terminar el objetivo de la jornada, quedaba una bola extra como regalo.

De Robres nos marchamos a Alberuela de Tubo para hacer el cabra por el parque de aventura “La Gabarda”. Tirolinas, puentes tibetanos, cuerdas… lo pasamos en grande jugando a ser tarzán –o Jane, mejor dicho-. Tras la comida del grupo, que sirvió de colofón a un día súper intenso, vuelta a casa. Antes incluso de llegar a Zaragoza muchos de los que coincidimos en esa jornada ya pensábamos en la siguiente cita. Será en marzo y habrá nieve… garantizado.

Carrera de montaña Mularroya

Cuatro días antes de la carrera estuve en la rueda de prensa de la “Izas Trail Series Zaragoza”. Tuve el honor de intervenir en condición de mantenedor y fue allí donde supe realmente del alcance de este proyecto conjunto. Cada cual representando a la prueba que organizaba pero todos tirando al unísono de una idea que promete (sigo pensando que tres cabezas piensan mejor que una… o cuatro, mejor dicho, que además de los responsables de las carreras, también estaba el patrocinador único de las tres pruebas).

El domingo asoma por la ventana y a eso de las 08:30 a por el dorsal a La Almunia, sin dejar de mirar el cielo porque las previsiones meteorológicas eran criminales. Al final no cayó ni una gota y el frío era más bien fresco tirando a muy tolerable.

Caras conocidas, muchos saludos, amigos y cero nervios. De hecho no tenía demasiadas ganas de empezar a correr. ¿El motivo?. Si para aprobar un examen hay que llevar la lección aprendida, para salir airoso en una carrera de este pelaje (25kms+ 600mts de desnivel) hay que entrenar. Y el suspenso estaba garantizado porque últimamente salgo poco a correr (que es verdad y no excusa… copón).

El objetivo era no sufrir. Y así lo hice. Cero agonía de principio a fin parando incluso antes de que se presentase la primera rampa. Por la cabeza se me pasó la idea de retirarme pero tampoco era plan. Ahora mismo estaría bien jodido si lo hubiese hecho. Sin embargo tengo una sensación muy distinta al fracaso… ¡¡¡porque me lo pasé de puta madre!!!.

Pistoletazo de salida, tira p´arriba, ritmos lentos, hablando con el personal, saludando hasta a los pinos, sumando distancia y sin tener ni una referencia del tiempo y del tramo cubierto. Solamente lo supe cuando le pregunté a una pareja con la que coincidí andando en una de la subidas. Me dijeron que llevábamos 51 minutos y 8,5 kilómetros. Lo mismo me daba.

Mis vecinos de Valdejalón tienen un patrimonio natural muy guapo y ello pudimos comprobarlo los que trotábamos –cada cual a su ritmo- por un monte precioso. Sendas, pistas, llanos, repechos… qué manera de gozar cuando ese afán competitivo desaparece. Como ya no soy friki –un poco más abajo tenéis el post- prefiero disfrutar del camino y no pensar en nada más.

En estas llego al km14 y me echo cuatro risas en el avituallamiento –pidiendo panceta como sustitutivo de plátanos y dátiles-. Iba cómodo, andando más que trotando y sin ninguna necesidad de acelerar. El cuerpo tampoco hubiese respondido así que me limité a pasármelo bien. Fuerte subida caminando, a gusto, charra que te charra, saludando a todos los voluntarios, adelantando y siendo adelantado… madre mía qué bien me lo estaba pasando.

Los caminos estaban menos embarrados de lo que se presuponía y la temperatura seguía siendo muy agradable. Los kilómetros pasaban y de repente, casi sobre nuestras cabezas, se presenta la rampa del km18. La virgen qué sofoco, cómo nos puso a cada uno en nuestro sitio. Desde ese momento fui agrupándome con pequeñas cuadrillas de corredores hasta que de nuevo volví a quedarme sólo. Luego hasta paré a hacerme unas fotillos con gente que sigue nuestro modesto proyecto chinochanero.

Ya en el tramo final coincidí con José Miguel, un Corredor del Ebro que iba tocado –si hubiese estado en plenas condiciones para pronto lo sigo… que es de los fuertes- y juntos entramos en meta.

Allí estaban mis friends Jaime, Miguel Ángel, Fernando, Jorge, Óscar y otros que, lógicamente, habían acabado mucho antes que yo. Me alegré mucho de ver las caras de felicidad que derrochaban. Lo que ocurre es que ellos habían echado el resto, se habían dejado la piel y yo no… muahahaaaaa!!!.

La carrera tuvo una organización más que aceptable. Muy buena, diría. No faltaron detalles antes, durante y después de la prueba. Y la gente del Club Atletismo La Almunia amabilísima a más no poder. Sabiendo cómo se las gastan y conociendo el recorrido prometo volver a la próxima edición –cumplirá su décimo aniversario-.

Ahora toca retomar entrenamientos y ponerse las pilas porque en enero empezará el baile serio. Tengo muchos y exigentes objetivos aunque eso es otra historia, que ya os contaré.