No es correr. Son las personas

Tendría que ser esta una crónica al uso, que narrase el transcurso de una prueba tremendamente dura -y apasionante a la vez-. Pero la experiencia que ha supuesto la Ultra Trail Guara Somontano no tiene nada que ver con recorrer una burrada de kilómetros o salvar no sé cuántos mil metros de desnivel. Por cierto, ¿por qué siempre nos fijamos en el positivo cuando el negativo, a según qué horas, duele más que cualquier cuesta?. Ahí lo dejo.

Decía que esta crónica podría hablar del ritmo de los diversos tramos, de cómo iban transcurriendo los kilómetros, de paisajes, de avituallamientos, de sensaciones… pero no. Para mí esta retahíla de información no es lo más importante. Porque no se trata de correr. Son las personas.

La marabunta a punto de salir. No imaginaba lo duro que iba a ser

Lloré mucho, me emocioné como nunca, tuve que apretar los dientes para no tirar la toalla, pensé en aquel momento en el que decidí hacer una burrada de estas características, pude compartir momentos imborrables con gente, con mucha gente… en 23 horas puede suceder de todo. Hasta tuve alucinaciones por la noche. Manda cojones que veía tortugas y gaticos por el camino… ¿será posible?.

Las pasarelas del Vero por la noche. No habíamos hecho mas que empezar

Por lo que merece la pena hacer algo como esta carrera es por quien está y permanece a tu lado en esos instantes. En los buenos y sobre todo en los malos. Amigos que conocía y pude saludar, otros, incluidos familiares, que se presentaron sin avisar –poco puedo decir al respecto porque tendrán presencia notable en el documental que ya está en máquinas-, gente que conoces en el primer tercio de la carrera y te llevan a la meta sacrificando su tiempo y esfuerzo por ayudar al compañero más débil –en este caso yo-, organizadores que te reciben como si fueras el único corredor inscrito, personas con las que entablas conversación sin conocer de nada, gente que te aplaude aunque prácticamente vayas cerrando el grupo…

Con el gradísimo David en Rodellar. No dejó de interesarse por cómo y dónde iba

La emoción y el llanto surgían sin avisar. Como el dolor. La duda de abandonar o seguir también se presentaba inesperadamente. Como las ganas de continuar hacia delante. La ilusión se interrumpía. Como la desesperación. Son muchos sentimientos enfrentados que sólo tienen algo en común: suceden en movimiento. A veces eufórico, a veces hundido.

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Sin Luis Pedro no hubiese terminado. Pudo marcharse porque iba más fino… pero sacrificó su tiempo por mi. Agradecido estaré siempre

Hubo momentos alucinantes –y no lo digo por las tortugas, que también-. Lo fueron por las personas presentes y también por las ausentes. La meta no se movió, menos mal. Cruzarla fue menos sentimental de lo que imaginaba porque sólo quería terminar y poner fin a un calvario que casi me supera.

Sin embargo hoy, días después, me siento orgulloso y agradecido. Nunca me sentí capaz de hacerlo pero me equivoqué -a veces es de puta madre equivocarse-. Ya no hace falta soñar para verse cruzando una meta tan exigente. Basta sólo con recordar lo que sucedió durante aquellas 23h18min02seg.

P.D.- Dentro de unos meses presentaremos el documental, de ahí que la crónica sea tan escueta. Os informaré, prendas.

Necesita mejorar o progresa adecuadamente

Las horas previas a esta carrera (www.utgs.es) están siendo mucho más intensas de lo normal. También transcurren mucho más despacio. Será por aquello de enfrentarse a lo desconocido. Esta sensación de show motion terminará pronto… y mira, se asemeja mucho a mi época de (mal) estudiante.

Me recuerdan a la época de estudiante cuando llegaba el día del examen y te presentabas con unos nervios tan ilógicos como incontrolables. Di que en mi caso tampoco era tal la alteración porque estudiar, lo que se dice estudiar, como que entre poco y lo justo.

La noche de antes le dabas un repaso al temario, hacías quinielas con “esto no entra y esto fijo que tampoco” y, a la mañana siguiente, te sentabas en clase con pocas garantías de aprobar. Lo único es que, a veces, sonaba la flauta y rascabas un más que digno y meritorio suficiente. A mi madre no le cuadraba que le dijese que la palabra estudiante, fragmentada, cobraba un significado evidente: “estudia-día-antes”. Y el día que aprobaba –de ciento a viento- se montaba la juerga padre. Qué alegría se llevaba…

Para el examen de mañana voy justo –aunque mi madre no sabe lo difícil que será regresar a casa con un aprobado-. La lección práctica no la llevo al dedillo aunque confío mucho, quizá demasiado, en la teórica.

Este mes de septiembre –y otros estivales- he corrido poquito, con semanas de ni siquiera llegar a unos miserables 30 kilómetros. Pero no es excusa. La teórica, por el contrario, la cabeza, creo que va preparada para hacer el examen más duro y puntuable de mi vida.

Ahora, antes de salir hacia Alquézar, la mezcla de nervios con calma es elegante. Jodo. Lo mismo que los raticos en los que el miedo le cede terreno a la confianza. Menuda coctelera previa. ¡¡¡Así no hay quien se concentre, copón!!!. Ya solo quiero que pase el día del examen… ni concentración, ni serenidad, ni po**as en vin**re. Por primera vez en mi vida me presento a una prueba con ganas de que acabe. Cosa extraña, oyes. Otras veces voy con ganas de disfrutar, de desfondarme, de compartir zancadas con buena gente, de ir al trantrán… a la Ultra Trail Guara Somontano voy con ganas de que termine.

Hay gente que me dice que mucho ánimo, que todo saldrá bien, que no te preocupes, que patatín, que patatán. Y lo agradezco, ¿eh?, montón. Pero hostia, es que no he estudiado lo suficiente. Si caen las cinco preguntas que me sé de puta madre porque apruebo. Pero como el profesor vaya en plan cretino será prácticamente imposible. Las previsiones climatológicas anuncian lluvias; el terreno, en tramos, estará por tanto resbaladizo; los tropiezos, resbalones, caídas, hostiones se presentarán sin avisar; igual que las molestias y dolores varios… yo qué sé, que el temario es demasiado amplio y puede suceder de todo.

Llevaré, por si acaso, una chuleta bien grande, la que me ayude a reconvertir la preocupación negativa en pensamiento positivo para obtener respuestas acertadas a preguntas enrevesadas. Que la cabeza pase del “necesita mejorar” al “progresa adecuadamente”. Ya veremos.

Maratón especial…

El pasado domingo, con el beneplácito de sus organizadores, estuve de speaker en el IX Maratón Ciudad de Zaragoza. Y qué queréis que os diga… pues, como primera conclusión, que es un orgullo formar parte de esta prueba de referencia y, sobre todo, que una carrera también se disfruta -y mucho- desde fuera.

No hace falta calzarse las zapatillas y salir chuflando a devorar kilómetros. Tras las vallas se ve mejor –como las retransmisiones de las motos- y se sienten muy de cerca las emociones de los que, no sin esfuerzo, cruzan la meta.

El pasado domingo 27 de septiembre volví a revivir aquellas experiencias que transcurrieron durante el Gran Trail Trangoworld Aneto- Posets, en julio, cuando cogí un micro durante 10 horas para tratar de contagiar efusividad y rendir pleitesía a los que corrían y acompañaban.

Salida maratoniana

En el caso de los 42kms zaragozanos dar la salida tanto a los maratonianos, como a los participantes en el 10k paralelo es una auténtica pasada. Aunque más que despedir, lo realmente emocionante es recibir a los miles de corredores que se han dejado las suelas en el asfalto de la ciudad.

Imágenes cargadas de emotividad, caras de esfuerzo y alegría incontenibles, ánimos desgarrados en los últimos metros, calma para los amigos y familiares que esperan a los suyos con tanta ansia como la de una sala de parto, felicitaciones a diestro y siniestro… lo que sucede en una meta de maratón es algo indescriptible. Tendríais que haber visto a los 1.300 –y a los 2.400 de la 10k- que cruzaron el arco y pisaron la alfombra que detenía el crono oficial. Sobraban las palabras.

Lo mismo pero en la distancia 10k

Palabras, precisamente palabras, eran las que debía soltar para cumplir con el cometido así que, carrete de seis horas y media, y momentos de mucha, muchísima, emoción.

Coincidieron much@s amig@s y, lógicamente, empatizas mucho más porque sabes la tralla que han llevado no sólo en carrera, sino en los meses de preparación. Lástima no haber sido Boomer para estirar los brazos y chocar palmas a todo cristo. Lo hubiera hecho, sin dudarlo, con los que tienen la santa costumbre de correr, correr mucho y, además, en casa sobre la mítica distancia atlética.

P.D.-Vídeo resumen del día aquí https://www.youtube.com/watch?v=hSn_6dfL1e0

La primera etiqueta en movimiento

Como reza el dicho “unos nacen con estrella y otros nacen estrellados”, aunque en este caso no es del todo nacer, sino renacer y reverdecerse. Aquí hay estrella y con menuda estela, además.

Bodegas Jaime, en Morata de Jalón, especializada en graneles, se fundó en el año catapún pero eso no es lo relevante –aunque si meritorio-. Lo realmente destacable es que la gente que está al frente en la actualidad le ha dado un giro absoluto a su producto estrella: el vermut Turmeon.

El contenido en sí está muy rico, bien de botánicos, pero lo que deja sin habla es el continente, la botella. Con mucha creatividad e ingenio han lanzado, atención, la primera etiqueta en movimiento del mundo. Y si no me creéis pinchad en este enlace y fliparéis en colores: https://www.youtube.com/watch?v=vPywEakkDRA.

Cuando continuamos con el debate de acercar el vino al público joven, de simplificar el mensaje e ir decididamente a por él, resulta que van estos muchachos, dentro del pretendido target, y rizan el rizo con una presentación simplemente asombrosa. Pero es que, encima, no se conforman con ello. Apoyan además la idea con un proyecto paralelo en el que cada cual puede personalizar botellas con diseños de lo más contemporáneo para regalar. En http://www.enodisenos.com tenéis la carta de presentación. Al loro.

A mí personalmente me han gustado ambas ideas, tanto en vestidura como en practicidad. Y me encanta además que haya salido de una chistera aragonesa. Habemus frescura y cabezas pensantes que piensan para gente semejante, es decir, jóvenes que quieren iniciarse pero no encuentran argumentos lo suficientemente atractivos como para hacerlo. Desde mi punto de vista éstos lo son así que, veinteañeros, hacedle un hueco al vino e id abriendo boca. Que otros lo hicimos y somos felices.  ¡¡¡Copón!!!.

El gusto fue Mía

Que no soy muy de contar estas cosas, oye. Que puede parecer algo pretencioso pero válgame el cielo que no es el caso -el pavoneo no va conmigo-. Que escribir sobre saraos no es santo de mi devoción –cosa que no sucede con las carreras- aunque siempre hay excepciones. La última el pasado día 24 de septiembre en la Terraza Libertad 6.8 de Zaragoza, en el centro de la city.

Guión, micrófono y carrete

Debía ejercer de conductor en la presentación a dos bandas de Guian Catering y Mía by Freixenet… y allí estuve. La intención era conjugar burbujeantes sorbos con pequeños bocados y, además, hacerlo de manera distinta. Los vinos de la bodega que capitanea Gloria Collel (www.miawines.com), enóloga ella, son, desde mi modesto punto de vista, diferentes. Espumosos similares a los Asti italianos, frescos, con más azúcar del que me gusta pero, sobre todo, vinos que encajan perfectamente a la hora de enganchar a nuevos y jóvenes adeptos. Este tipo de vinos, vestidos con desenfado y acertada elegancia, son los adecuados para que la gente que no bebe, beba. Para iniciarse en este mundillo, vaya.

Isabel Guerrero y sus mouillettes

Gloria Collel posando con sus hijas espumantes

La puesta de largo tenía que estar acorde con el diferencial de los moscatos de Mía. Por eso intervino la perfumista y coach sensorial, la joven Isabel Guerrero (www.isabelguerrero.es). Ella era la encargada de recrear el aroma del vino en dos mouillettes –esos papelitos secantes impregnados que te dan en perfumerías y grandes almacenes-. Explicó cómo había recreado la nariz del vino y qué matices dominaban. Luego intervino Gloria y pudimos comprobar como el anuncio en tarjetitas de cartón era idéntico al estado líquido y burbujeante. Repetimos el modus operandi con el Pink Moscato y, después, con el Moscato. Finalmente intervino Guillermo, como anfitrión, y empezaron a desfilar los platillos más destacados de la cocina de Guian.

Guillermo, el anfitrión, ejerciendo como tal

Fue una velada amena, distinta y con chispa… como los vinos que se presentaron. Gente guapa de la capi, caras conocidas, muchos amigos y noche de estrellas. Eso sí, hubo que retirarse rápidamente porque la alarma del móvil me miraba de reojo. Había que correr al día siguiente porque la Ultra Trail Guara Somontano está a la vuelta de la esquina. De hecho, dentro de una semana, a estas horas, estaremos subiendo ya hacia Alquézar con más miedo que otra cosa. Mira, igual me quito ese pánico con el Moscato, aunque no creo que sea buena idea. Mejor guardo la botella para despilfarrarla en la meta como si fuese un piloto de F1. Aunque lógicamente, para eso, hay que llegar.