Jodido pero contento

La esperada Carrera del Ebro volvió a reunir a tropecientosmil corredores y este año, como novedad, contó con un ilustre invitado que a última hora quiso presentarse con el único objetivo de ponérselo más difícil a los que en coincidimos puntuales el domingo 23 de marzo en las pistas del CAD. Fue el fucking cierzo, ese viejo conocido nuestro que, en ocasiones, tiene el don de complicarle la vida al personal y de qué manera.

Imagen de la salida tomada por Alberto Casas

Imagen de la salida tomada por Alberto Casas

Tanto los que íbamos a por la distancia “ultra” (30kms + 520mts de desnivel positivo acumulado), como los de la “popular” (14kms + 230mts) tuvimos que lidiar con él durante todo el trazado. Cómo sacudía el cabrón, sobre todo en las zonas más altas del recorrido. Sin duda fue el gran protagonista de una carrera que a primera hora había comenzado con muy buen pie.

Minutos antes de darse la salida, servidor coincidió con amigos y conocidos que hicieron que las charretas quitasen tiempo al calentamiento previo: Javier Subías y otros compis bravidos de Barbastro, el moncaíno Roberto González, Enrique Pérez –que ahora se ha reconvertido a juez de atletismo- Julio Trangoworld Lizaranzu –a quien vi a lo lejos-, Javier Forcén del Grupo Ciempiés y, sobre todo, José Fabana de Lupiñen, que hizo de guía corriendo con un colega invidente. El que firma este blog, ante gestos como el de José, se descubre porque de no ser por gente como él habría otros que no podrían compartir esta afición. Mr. Fabana… muy grande!!!.

A las 09:00 en punto sonó el pistoletazo y tira, a correr. Fui sin reloj y durante los primeros kilómetros tenía la sensación de ir demasiado fuerte. Lento, pesado, jodido… así hasta el 12. Esas sensaciones solamente las tuve hasta el avituallamiento del km15 porque a partir del ecuador de la carrera todavía fui más lento, más pesado y mucho más jodido. Qué penuria!!!. Sin acoplarme a ningún grupo, comiéndome yo solico las rachas de viento, sin fuelle…

 

El fotógrafo Alberto Casas recogió con su cámara los mejores momentos de la prueba

El fotógrafo Alberto Casas recogió con su cámara los mejores momentos de la prueba

La primera de las cuestas potentes, creo que coincidía con el barranco de Los Lecheros, la hice andando. Para qué estirar la agonía si una vez en el alto sabía que no recuperaría ni a la de tres. Chino chano, a la marchica y paso a paso.

Hubo sin embargo un momento de optimismo porque no me fijé en todos los puntos kilométricos y cuando esperaba el 18… zaska, paso por el 20. Sin darme cuenta estaba enfilando casi la recta final del trazado. Toma!!!.

Posteriormente nos cruzamos con los que estaban haciendo la distancia “corta” y, a partir de ahí, en romería subiendo -andando, cómo no-, bajando y llaneando. Los últimos 2.000 metros fueron menos agónicos de lo que pensaba porque todavía quedaba algo de kerst –como dice mi gran amigo Jesús Larumbe-. Tras 2h52min y con una sensación de asfixia que me recordó al maratón donostiarra entré en meta. Mi familia se presentó de sopetón para animar y, lógicamente, esa motivación inesperada hace que tenga más peso el “contento” que el “jodido”.

La única consecuencia negativa que ha traído esta carrera es la de no haber salido a correr siete días después. Y claro, estando tan cerca la Jorgeada como que acojona un poco. Por ahora no quiero pensar que a los 30 del Ebro hay que sumarle 45 más para unir la Plaza del Pilar de Zaragoza con la ermita de San Jorge de Huesca. Si lo hago y empiezo a sumar distancias me quedo en casa. Miedo es poco.

 

¿Quién cazó a Alberto?

 

Mención aparte…

Merece el fotógrafo Alberto Casas, quien además de firmar un reportaje fino, fino, me ha permitido compartir algunas imágenes con vosotros. Podéis conocer su trabajo en la web http://www.albertocasas.com. Echadle un vistazo y veréis cómo se las gasta. Beluga, oigan.

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Cambio de planes

¡Qué racha!, ¡vaya sequía!, ¡qué desgana!. Que no salgo a correr tú, que no me apetece ni gota.

Vaya giro inesperado que ha cobrado esta afición runnera. Terminé el año pletórico y en enero he salido a trotar un par de días… dos, ni uno más. Di que uno de ellos fue en la Carrera del Roscón y lo pasé en grande con mi compadre Jaime Poch, que tuvo su bautismo en carreras populares. Pero transcurrida ya una semana sigo con la misma apatía de estas últimas semanas.

Necesito poner remedio ya. Ahora mismo voy a formalizar el pago de la inscripción a la Carrera del Ebro, un trail por el entorno de Zaragotam de 30 kilómetros de distancia y un desnivel positivo acumulado de 520 metros. A ver si estar inscrito me motiva algo y empiezo a darle candela. No sé yo, estoy en ese momento en el que no salir a correr hace que me sienta mal. Aunque ese lapso tiene las horas contadas.

En abril vendrá la Jorgeada y conforme se acerca la fecha tengo más dudas. ¿Voy?, ¿no voy?, ¿qué hago?… ya veremos. Lo que sí tengo claro es el Trail del Sobrarbe y la distancia que elegiré: 42kms. Hacer la larga (66kms) me parece un poco heavy a día de hoy. Además, el sueño de culminar 2014 probando la Ultra Trail Guara Somontano se acaba de esfumar. Y es que los animalicos de la organización –véanse Kike, Javier, Santi y Pau- no conformes con los 96kms de las ediciones anteriores, han decidido incrementar un pelín el recorrido fijándolo en 102. Vale, que tan sólo separan 6 kilómetros, pero, hostias, sobrepasar la barrera del centenar acojona de mala manera.

En esas estamos, intentando buscar empuje por cualquier vía. Tendré que hablar con mi hermano para que me oriente un poco. Me dijo que la Jorgeada era una demasiado (75kms entre la Plaza del Pilar de Zaragoza y la ermita de San Lorenzo de Huesca). Siempre le hago caso porque sus consejos funcionan. Pero en esta ocasión creo que desobedeceré porque si no me planteo retos potentes me veo colgando las zapatillas hasta después de Semana Santa.

Me voy a inscribir no vaya a ser que se me pase el calentón y le preste más atención al wine que al running. Que tampoco estaría mal, por otra parte…

Hasta dentro de unos días.