Después de varias ediciones siguiendo la prueba y colaborando con ella, tuve la respuesta a la duda que muchos nos habíamos preguntado tiempo atrás. ¿Qué coño pasa en Alcorisa para que se monte semejante tinglao?. Pues resulta que, por encima de cualquier cota y superando cualquier desnivel, Zoquetes tiene corazón
La de 2025 será difícil de olvidar porque salió impecable. Todo estaba muy trabajado y a nivel organizativo el escuadrón de los Fondistas de Alcorisa se dejó parte del corazón que el millar de corredores se llevó después consigo a casa. La coordinación muy seria, el plantel de atracción élite cada vez más numeroso y talentoso, el trato al corredor intachable, detalles como el calendario de la bolsa del corredor o el avituallamiento de meta -900 huevos se frieron- sorprendían a quien iba por primera vez a la carrera, el punto de control animado a lo Zegama -salvando las distancias- brutal, los tambores de la presentación emocionantes, la charla con Pol y Albert súper enriquecedora… hasta la climatología se puso de cara y no nos castigó como anunciaba. Todo salió redondo.

Habrá quienes estén en desacuerdo por tachar a la carrera de precio desmedido o que se enfurruñen por la espera a la hora de comer en el Caracas. Todo respetable. Sin embargo, en un amplísimo porcentaje, el Trail Zoquetes tiene un feedback del copón porque la gente se marcha feliz y así se hace saber antes siquiera de marcharse del pueblo. ¿Qué sucedería si no estuviese colocada en enero?. Probablemente cambiaría el cuento. Pero enero es el mes del trail en el Bajo Aragón y Zoquetes la prueba que, por el boca a boca, atraerá la atención nacional de más élites que -me consta- ya están ofreciéndose a la organización.
No es que sea esta una crónica porque para eso está el Zoquete de Honor, mi admirado amigo Ramón Ferrer, que es la wikipedia del trail nacional y borda cada resumen en su blog. Esto va de compartir a golpe de teclado cómo se vive una carrera de este pelaje desde dentro. Y es que en Alcorisa suceden muchas cosas que no se ven. Son las que se quedan en la memoria y en la retina sine die. La cena del viernes con la organización y parte de los élite fue un presagio de lo que estaba por venir -a pesar de haber recibido allí mismo una noticia de esas que te llegan de sopetón y te entristecen-. Las reuniones entre bambalinas el sábado para afinar la presentación en un cine abarrotado como siempre. Los wasaps a las tantas de la mañana informando de cambios de última hora. Los abrazos y lloricos antes de marchar… eso no siempre sucede. Eso pasa en un pueblo que se vuelca con esta carrera.
Personalmente me siento súper bien acogido en Alcorisa. Cuento ya con buenos amigos e incluso con anónimos que te regalan cariño con un choque de manos en la línea de salida, con un abrazo en meta, con una sonrisa por la calle o con un mensaje privado al móvil el día de después.
Tengo la suerte de recibir todo eso. Y me considero tan afortunado como que siempre que pueda revalidaré amor con una carrera que más que montaña, tiene alma. Parte de la mía se queda ya pa cutio en un pueblo cuyo escudo luce un corazón alado. ¿Será casualidad?.
Fotos: Pablo Cid






Álex Ascaso es un tipo pasional, humilde, comprometido, currante… una buena persona que sabe lo que significa entregarse con cuerpo y alma a un oficio que adora. Llegó al vino hace muchas vendimias por diversos avatares de la vida y sigue mostrando el mismo entusiasmo de su primera elaboración. Tuvo el arrojo de elaborar un deslumbrante Viognier en Ayerbe que encandiló al mercado en su primera añada -2007- y más recientemente le dedicó idéntico tiempo, esfuerzo y cariño a una Garnacha Gris. ¿Cómo?, ¿un monovarietal de esta casi extinta variedad firmado en La Hoya de Huesca?. Pues sí. Y eso que hasta el lanzamiento de su Edra Garnacha Gris, Ascaso había estado centrado en otras variedades -prácticamente todas francesas-. Pero quiso hacerle un guiño a esta gris, a la roya de toda la vida. Su producción es escasa y tal vez por eso se ha convertido en un objeto de deseo. Al fin y al cabo estamos ante una de las más deliciosas rarezas que podemos encontrar en esta tierra. Si la encontráis no tengáis la más mínima duda… cogedla.
Hasta hace un tiempo a Manuel Castro se le ubicaba única y exclusivamente en Bodegas Virgen de la Sierra, en Villarroya de la Sierra. En esta primera residencia, durante un dilatado periodo de rodaje, se hizo mayor. Lo que ocurre es que ahora compagina su espectro bibilitano con otras zonas y otras bodegas. Es enólogo pero le gusta que le llamen viñador y siente una ferviente pasión por la Garnacha, su comportamiento en todo tipo de suelos y elaboraciones dirigidas con una exactitud minuciosa. Mientras sus Albada se consolidaban como una de las firmes apuestas de la D.O. Calatayud inició un proyecto mucho más personal que está encarnado en el Lajas Finca El Peñiscal, una Garnacha plantada en 1947 por encima de los mil metros de altitud que deja claro cuál es su origen y procedencia. Porque la tipicidad de este tinto es incuestionable. También oficia en Bodegas Bodem (D.O. Cariñena) donde, nuevamente, vuelve a tomar a la Garnacha como estandarte. Para el amigo Castro, la vitivinicultura actual pasa por elaborar vinos que muestren las particularidades de cada terruño, de cada parcela, de cada rincón. Y vaya si lo consigue.


Estas más de cuatromil españolas de 2015 dejan entrever un dato en principio alentador. Y es que son 35 más que en 2014. Hablamos de una época en la que el bofetón inestable de nuestra economía estaba más presente incluso que hoy. Y seguían llegando nuevos proyectos a nuestros campos. Por tanto, saber que hay más empresas en el sector es lectura positiva. Otra cosa es cómo lo estén pasando todas ellas.
En Aragón la zona que más bodegas acumula es Cariñena (34) seguida de Somontano (30), Borja (18) y Calatayud (16). Cada una tiene su volumen y su número de productores. Y aunque no es cuestión de establecer comparaciones, ocupamos un modesto puesto con otras zonas.
Por lo tanto, la duda existencial de cuántos somos en esta tierra y en el país al que pertenecemos queda resuelta. Lo que no quiero ni imaginar es la cantidad de marcas que salen al mercado. Un océano de referencias en el que, como es normal, hasta el profesional se pierde. Y no os quiero ni contar lo que le sucede al consumidor neófito…











